Carta abierta a ‪@sebastianpinera‬

‬Por muy bien que me hayan educado, soy incapaz de ser tan cínica de empezar esta misiva con un estimado.

Espero que con un buenos días, sea suficiente. Vamos a aclarar cuestiones básicas antes de entrar en materia. Espero que no te moleste que te hable de tú, pero es que el usted me lo reservo para las personas a las que respeto. Y claramente no es el caso.

Cada día veo los reportes del Ministerio con una mezcla de estupor, rabia y miedo. Pena. Impotencia. Cómo es posible haberlo gestionado tan mal teniendo claros ejemplos que (no) seguir.

Puedo entender que a principios de año, cuando allá, al otro lado del mundo, chinos morían, pensaras que al otro lado de la cordillera no corríamos riesgo. Lo entiendo porque nos pasó a todos. Todos creímos que era como una gripe. Todos creímos que estaban exagerando. Todos creímos que sólo se morían las personas con patologías previas. Esa te la doy. Estaba empezando para todos y supongo que no queríamos creer.

A partir de mediados de marzo, ya no tienes excusa. Viste, porque hoy en día todo se ve, cómo se contagiaban y morían italianos y españoles. Viste cómo en España se aprobaban leyes y decretos para intentar no dejar a nadie atrás. No siempre con el mejor de los éxitos. Pero se hizo. Y lo viste. Viste como nos encerramos y viste cómo se paro el país. Viste a chinos, italianos y españoles que morían. A pesar del encierro. Viste el sistema de salud pública español, saturado, transformando plantas en UCIs, pacientes en los pasillos. Viste al personal sanitario reventado, los viste trabajando sin recursos ni medios adecuados. Los viste trabajando protegiéndose con bolsas de basura. Sigue repitiéndote que no se podía saber, quizás en algún momento te lo creas. Yo no.

Sin embargo, esto parece que seguía sin ir contigo. Porque no hiciste nada. Porque no cerraste fronteras . Porque sé de gente que viajó a Chile desde focos importantes de COVID que no tuvieron que hacer cuarentena. A los que ni se les tomo la temperatura al llegar al país ni se les hizo seguimiento alguno. Sigue repitiéndote que sí se hizo, quizás en algún momento te lo creas. Yo sé que no.

Mi familia se confinó, porque tienen la tremenda suerte de poder, a mediados de marzo. A ti no te importó nada. Ni te preocupaste por aislar el foco de contagio, sí, ese sector oriente al que tanto cuidas. Ni de ayudar a los que menos tienen. A los que no se pueden quedar en casa si quieren comer. Tuviste tiempo para prepararte. Para reforzar la seguridad social y el sistema de salud. Tuviste tiempo de planificar la manera de cerrar Chile sin que nadie se quedara en el camino. Pero no. Para qué.

En vez de hacer todas esas cosas, cualquiera de esas cosas, tú dejaste que Mañalich experimentara con la Salud de nuestros compatriotas. Que hiciera su cuarentena dinámica. Que hablara de un carnet de inmunidad cuando no hay ningún médico que haya confirmado que esa inmunidad existe. Lo dejaste seguir en su cargo después de decir que qué pasaba si el virus mutaba y se convertía en buena persona. Como tus amigos de la isapres no quieren pagar las licencias, intentaron acortar la cuarentena de 14 a 10 días para los casos leves. A saber quién puso el grito en el cielo que reculó al día siguiente. Eso es lo que tienes al frente de la peor pandemia del siglo XXI.

Y aquí estamos. Empezando junio. Todavía no empieza el invierno y los servicios de Salud ya están reventados. Que vamos a llegar a agosto, todos sabemos cómo es agosto en nuestro país y todos sabemos que el sistema no va a poder.

Te hago personalmente responsable de la muerte de todos y cada uno de mis compatriotas. Por no haber tomado las precauciones cuando todavía estabas a tiempo. Por no haberte preparado. Por haber sido tan orgulloso que nos has sido capaz de reconocer tu error y destituir a Mañalich.

Te hago responsable de los 108.686 casos que hasta hoy conocemos. Que también tengo que decirte que no te creo. Que creo que estás falseando los números.

Sé que eres católico, cómo no. Espero que cada día tengas miedo de rendirle cuentas a tu creador, porque estas muertes son tuyas.

Carolina Bassa.

Borradores que son recuerdos…

Y lo sientes. Te duele. El pecho. El brazo. Estás solo. Vives solo. No hay a quien dirigirle una palabra. Una súplica de ayuda. El teléfono está lejos. Intentas llegar, pero duele. El pecho. El brazo. Piensas en los tuyos. En la última vez que los vistes. Intentas llegar al teléfono. No ha llegado tu hora. No estás listo para que sea ahora. En un último esfuerzo, llegas al sofá. Y te derrumbas. Las fuerzas te dejan. Hace nada te parecía que no era la hora. Ahora estás deseando que llegue. Ya no duele. Ni el pecho ni el brazo. Ni la soledad. Te ves ahí. En el sofá. Con la misma cara de siempre. Pero en paz. En paz y sin las gafas. Te ves raro sin ellas. Y sigues ahí. Empiezas a sentir a los pájaros cantar. Y se hace de día. Y sigues ahí. Y empieza a oscurecer. Y así, de nuevo. Todo. Hasta que sientes unos golpes que arrancan la vista de tu cuerpo. Y recuerdas que antes, sentías el teléfono. A lo lejos. Y un golpe. Y gritos. Y una puerta que se azota contra la pared al abrirse con violencia. Y la ves. Tan rubia como cuando por fin pudiste ser padre. Con una coleta mal hecha. Con la cara desencajada intentando entender el cuadro que tiene ante sus ojos. Tu pequeña. Esa pequeña que escogiste para que fuera tu hija porque la naturaleza no te quiso dar una de tu sangre. Y llora. Te abraza. Y quieres consolarla para decirle que todo va a estar bien. Que pasará. Como pasó lo de mamá. Como pasó lo del tío. Pero ya no puedes estrechar a tu pequeña. Pero sí a tu mujer. Y confías. Confías en que tu pequeña, ya hecha una mujer, pueda seguir adelante. Y con ella tus dos luceros. Tus dos pequeñas que esta Navidad echarán en falta llamar a su Yayo. Y te dejas ir. Ya no estás solo.

Per tu, Joan.

23/11/2014

III Lustros de AutoExilio

Un día como hoy, pero de hace 15 años también estaba en un aeropuerto. Pero a 11 mil kilómetros de aquí.

Un día como hoy, pero de hace 15 años era todo miedo, ansiedad, ganas, nervios, tristeza, alegría y expectativas.

Un día como hoy, pero de hace 15 años tenía 24 y hacía menos de dos meses que había defendido mi tesis de título y había conseguido mi premio, un pasaje a Europa.

Un día como hoy,  pero de hace 15 años estaba sentada en un aeropuerto esperando para irme a vivir donde había nacido mi yaya.

Un día como hoy, pero de hace 15 años me estaba despidiendo de mi familia y de mis amigos.

Un día como hoy, pero de hace 15 años algunos confiaban en que lo lograría.

Un día como hoy, pero de hace 15 años algunos no confiaban en que lo lograría. Otros, simplemente querían que volviera, cuando todavía no me había ido.

Un día como hoy, pero de hace 15 años empecé el camino que quería, sin tener claro qué era lo que quería, como siempre.

Un día como hoy, pero de hace 15 años empecé un camino con altos y bajos. Unos más altos, unos muy bajos.

Un día como hoy, pero de hace 15 años no me imaginaba que iba a ser la flamante habitante de El Limbo.

Un día como hoy, pero de hace 15 años no me imaginaba cuántos Trocitos iba a encontrar a este lado del charco.

Y aunque a veces cargo una pena muy negra, como la de un día como hoy, pero de hace 15 años, la mayor parte del tiempo me acompañan la alegría y las expectativas, como las de un día como hoy, pero de hace 15 años.

Un día como hoy, pero de hace 15 años mi vida cambió.

Ataque de morriña. V.15

Después de casi 15 años algunas veces me pregunto si tomé la decisión correcta. Siempre llego a la misma conclusión: sí. Si no, no estaría aquí. No tengo madera de masoquista. Pero cuando tengo ataque de morriña, como estos días, como hoy, pienso que no. Y quiero volver. Y estar en mi tierra. Con mi gente. Con nuestra comida, mirando mi cordillera. Y me gusta flagelarme escuchando música que suena a mí, cuando todavía no tenía un acento de mierda, que ni chicha ni limoná. Pero se me pasa, porque sé que si estuviera en Chile, echaría de menos todo lo que tengo aquí. Esta ya es también mi tierra, ya son mi gente. Y así vivo. Capeando los ataques de morriña. Apaciguando ese rugido semi constante, que en septiembre y diciembre es atronador.

No os lo puedo explicar mejor. Tampoco sé si quiero.

Lo bueno, es que medio sé cómo gestionarlo, que la experiencia es la madre de alguna cosa que ahora ni sé cuál es. Pero es. Seguro.

Dicho esto, salud y VIVA CHILE MIERDA, VISCA CATALUNYA

Ps. Mami, no estoy ni triste ni mal 😜

Y nunca dejar de aprender…

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Si paro justo ahora y miro atrás, veo un camino largo, lleno de curvas, de subidas y de bajadas. De zonas negras y lúgubres. De paisajes oníricos y de colores. De personas sin rostro y de rostros sin nombre. De gente que tomó la salida que yo dejé pasar. De Trocitos que siguen conmigo y otros que han decidido sumarse por el camino. De gente que tomó el camino fácil.

Lo bueno es que he ido aprendiendo.

Aprendí, de alguna gente, cómo no quiero ser.

Aprendí que esto no es una competencia, no para mí.

Porque con los años aprendí que no tengo que dejar que nadie pueda hacerme dudar de lo que soy y de lo que quiero ser, porque nadie me conoce mejor que yo.

Aprendí también que la distancia y el tiempo son relativos cuando alguien realmente quiere estar. Y que nada de esto importa cuando sabes qué es lo que realmente importa.

También aprendí que no pasa nada por pedir perdón, si cuando lo haces, lo sientes de verdad. Aprendí que no pasa nada por caerse las veces que sea necesario siempre que te levantes. Pero también aprendí que no pasa nada por quedarse un rato en el suelo cuando te caes, siempre que sea para pillar fuerzas para el próximo round.

Y sobre todo aprendí que aunque pueda parecer que lo que aprendí es muy obvio, sólo lo es cuando lo sabes, pero no lo vives.

 

Bueno, pues molt bé, pues adiós

Desde el 20 de septiembre me han dicho muchas cosas. Me he encontrado unas cuántas y he visto otras pocas.

Como gente que apenas me conoce que me ha dicho que soy muy poco agradecida para ser española de adopción. Pero no preguntaron ni cómo ni por qué. Ni nada. Gente que ciertamente no estaba ahí hace 14 años y que claramente no está hoy.

Como gente que decía apreciarme y conocerme, pero creen que soy tan tonta, que se han tomado la libertad de decirme “esos catalanes independentistas a los que te has unido.” Así. Como si fuera una secta. Como si me hubieran lavado el cerebro. Como si no tuviera derecho a formarme mi propia opinión.

Como personas que sin saber si he sufrido discriminación o no, ni dónde ni a manos de quién, me dice que los catalanes son racistas y que me marginarán. Son las mismas a las que he visto defender a los fachas que camparon con violencia por Valencia o Barcelona. Seguramente ellos me invitarían a una birra. Ya.

Como gente que defendía las cargas del 1O y que ha callado cuando le he preguntado si estaría igual de bien si la cabeza abierta fuera la mía. O la de algún amigo. El que calla otorga.

He leído a conocidos defender a brazo partido la legalidad vigente. A esos mismos los he visto apagar las luces del coche y huir marcha atrás de un control policial. A algunos de esos los he visto comprar drogas. Y consumirlas. Y no, no hablo de maría. Pero se ve que la legalidad que hay que defender es solo aquella que les sale de los huevos.

También me he encontrado con gente que proclama el respeto por los que no piensan como ellos, pero que silencian o UF a las personas que no piensan como ellos. De esos tengo varios. Debe ser que está bien que pienses distinto, pero en la intimidad. Calladito y sin molestar. Sin que se note.

También me han mandado a mi país. Más de una vez. Pero los racistas no son ellos. Todo en orden. Todo dentro de su orden. De un orden que les ha dejado establecido uno que se murió, pero no se fue.

Os he visto vitorear la prisión sin fianza de los Jordis. Esos que están detenidos porque “dificultaron, sin llegar a impedirla, la labor de la comisión judicial.” Me voy a callar y no voy a deciros nada a aquellos que valientemente impedisteis, o intentasteis impedir, los desahucios. Ni a quienes los defendíais. Pero ellos también buscaban impedir la labor de la comisión judicial. ¿No?

A los del #APorEllos

A esos que enarbolan la bandera de España, algunas con el pollo. A esos que voz en cuello despiden a la policía militar que se dirige a Catalunya. A esos que gritan A por ellos. A esos. ¿Qué es exactamente lo que estáis pidiendo? ¿Golpes? ¿Disparos? ¿Encarcelamientos? ¿Todo?

Tanta violencia en tan pocas palabras. Tanto odio en tan pocas palabras.

Soy uno de Ellos. Quiero votar. Voy a votar. ¿A por mí? ¿A por mi vecina de 70 años que también va a votar? Me lo tomo como un ataque personal. Queréis que la policía venga a por mí por meter un sobre en una caja. Queréis que la policía, con armas, porras y un puto guanaco venga a por mí. Yo no. Yo deseo que viváis tranquilos. Y que nos dejéis vivir tranquilos. Porque no somos violentos. Porque no pedimos nada que no se haya hecho ya en otros países. Algunos lejanos. Otros cercanos.

No tengo porque aguantar, leer y sufrir con vuestra bilis. Con vuestro odio. Porque decís que queréis a Catalunya. Pero, para qué. ¿Para tener a por quién ir?

Voy a ir a votar. Espero conseguirlo. ¿Que si voy con miedo? Sí. Dais miedo. Me da miedo ir a votar y que me detengan. Me da miedo ir a votar y que haya una puta carga policial y nos peguen. Me da miedo que a un puto loco del A por ellos se le vaya la pinza y nos agreda. Me da miedo porque la historia nos ha enseñado qué hacéis con la gente que piensa distinto. Pero no os equivoquéis. No voy a dejar que vuestra campaña del terror cale hasta dónde queréis que lo haga. Voy a ir a votar igual. Y si me tengo que quedar ahí para asegurarme de que mis vecinos que quieren votar lo hagan, lo haré.

No dejes que el miedo sea tan grande que te impida seguir adelante.”

No he dejado de seguir a nadie por pensar distinto, porque creo en la diversidad y sé que es imposible que todos pensemos igual. Sé que nuestras experiencias de vida hacen que creamos una u otra cosa. Tampoco he “eliminado” a nadie de mis amistades por la misma razón.

Pero os voy a pedir un favor. No, os voy a exigir que si sois de los que quieren que vengan a por mí, salgáis de mis redes sociales. De todas. Os voy a pedir que si queréis que nos abran la cabeza, si queréis que nos detengan, si queréis que nos peguen o nos disparen, salgáis. Os lo voy a pedir si estáis achuchando a un cuerpo policial militarizado contra un pueblo desarmado.

Y no, no os gastéis. Don`t feed the troll es mi lema.

Las musas son muy putas

Las 9 musas

Ay las musas qué putas son. O los musos.

Hay veces que tienes ganas de escribir, pero miras el papel y quien dice papel dice pantalla, en blanco y nada. Y quieres, eh, porque tienes un montón de cosas que soltar, pero por más que lo intentas, no te sale. Y eso, son las musas. O los musos. Que son muy putas. O putos. Porque están ahí, las sientes y las notas, pero cuando las quieres despertar y sacar de su letargo, ellas se ponen a hibernar. Porque quieren y porque pueden. Y claro, como a ti también te gusta hacer lo que quieres, pues no insistes. Y las dejas. Porque son muy putas. O putos. Pero son unas putas traviesas. Juguetonas. Juguetones. Como los duendes que ayudaban al zapatero. Están ahí escondidas y trabajan y escriben mientras yo descanso. O lo intento. Digo que lo intento porque si las musas, o los musos, duermen dentro de mí y se despiertan cuando yo duermo, igual es que no duermo. ¿No? O sea, no sé si me explico, pero si parte de mí está despierta mientras yo se supone que estoy durmiendo, lo mismo es que no estoy durmiendo, no?

Y ahora, justo ahora, es cuando empezáis a pensar que se me terminó de ir la olla. Musas que inspiran mientras duermes. Y escriben por ti. JÁ.

Real como la vida misma. Y no, no es que sea bruja, aunque lo parezca… Y la verdad es que (no) siento  defraudar a algunas que prefieren creerlo. Pero esto nada tiene de brujería, aunque lo parezca. Todo siempre es más sencillo de lo que parece, menos anormal de lo que se quiere creer, más fácil de explicar y menos rebuscado. O eso quiero creer.

¿Cómo lo sé? Sencillo, como todo lo que parece que no lo es. Hoy cuando desperté por la mañana, sí a eso de las 4 de la mañana, tenía las notas del móvil abiertas y ahí se podía leer….

“hay personas, gente y gentuza.

gentuza es esa mancha negra que vemos por el rabillo del ojo

(…) ahí bien lejos pero localizada

(…) las personas lota amigos

(…) hablaremos” 

Si eso, textual de mi móvil, no lo he escrito yo, ni tengo constancia de haberlo hecho, tienen que haber sido las musas. O los musos. Las muy putas, que cuando tengo la hoja en blanco delante, desaparecen. Y cuando estoy durmiendo, me dejan cosas así. Y digo cosas porque no es la primera vez que pasa. Esperemos que no sea la última. Que son muy putas, pero yo les tengo cariño.

13 años del Desembarco

Algunos ya sabéis que en esta época del año me gusta parar y echar la vista atrás. Sólo la vista. Me pongo una copa de vino, música y leo lo que cada año escribo en esta fecha y me enciendo un cigarro. Y así estoy un rato, recorriendo el camino que he escrito en estos 13 años para luego mirar adelante y volver a escribir un poquito. Es una de esas cosas que se hacen tradición. Todo ayuda, el sabor del vino, el ronroneo de la manada y el humo del cigarro haciendo nubes…  La fecha… La nostalgia de mis Trocitos chilenos y la sonrisa por mis Trocitos españoles.

Pero aquí estoy. Sin copa de vino, sin música y trabajando. Recordando que ayer mi familia me hizo soplar las velas. Sin el ronroneo de la manada. Sin cigarro.

Bueno… La verdad es que llevo 22 días sin fumar. Sí, sí, lo que lee. Llevo 22 días sin  fumar. Venga. Aplausos. Ovación. El público de pie. Sí. Quédese con la copla de que he dejado de fumar y no mire mucho cómo me dejó el ojo ayer el (puto) mosquito…

Y ya. Nada más. A ver si os pensabais que soy una máquina a la que cada 6 de febrero le apetece escribir 😜

Qué sabrán…

Empiezo a estar un poco hasta las narices de la gente que se sube a un pedestal para desde lo alto escupirte a la cara un “tú no sabes” o un “tú no lo entiendes”. Y se suben, porque les gusta creer que las cosas que les pasan a ellos los demás no las han vivido, no las han pasado, no las han sufrido o no las han disfrutado. Y si lo han hecho,  menos. Ha costado menos, ha dolido menos, se ha disfrutado menos. Porque los ombliguistas disfrutan siendo los que más. Los que más todo. Los que más sufren, los que peor lo pasan, los que más sienten y padecen. Los con peor suerte. Los con mejor suerte. Los lo que sea, pero los que más intensamente viven, disfrutan o sufren.

Qué sabrán de lo que los demás han vivido. Qué sabrán de porqué no se ha vivido alguna experiencia en concreto. Qué sabrán de qué cicatrices o heridas abren con sus “tú no sabes” o “tú no lo entiendes”. Qué sabrán de cuántos dedos meten en una herida. O de en cuántas heridas meten sus competitivos dedos.

Da la sensación de que empezó una carrera en la que no quiero participar. No quiero ser la que más ha sufrido, ni la que menos. No quiero ser la que más sabe, ni la que menos. No quiero competir por ser la más afortunada ni la más desgraciada.

Seguid compitiendo vosotros, yo me bajo aquí.