Señores políticos, váyanse ustedes a la concha de su madre

Esto es para todos aquellos que votaron al PP. Para todos los que aprueban la gestión de Mariano Rajoy argumentando que “era lo que había que hacer”. Para todos aquellos que volverían a votar por el PP a pesar de que están desvalijando España para llenar sus putos bolsillos. Para todos aquellos que están felices de que la clase media desaparezca y la clase baja sea más grande, más pobre y más controlable. ¡¡¡GRACIAS!!!

Tengo la rodilla jodida hace 2 meses. Por fin me han dado hora para que me vea un traumatólogo. Una maravilla. Con radiografía influida. Un despliegue de atención médica en toda regla. La radiografía la tengo este lunes. El traumatólogo… EL 26 DE MARZO!!! Y la tengo el 26 de marzo porque en la zona en la que vivo solo hay UN PUTO TRAUMATÓLOGO para todos. ¡UNO!

Así que me dice el médico que vaya con cuidado y que si me duele pues que tome pastillas. Que poco más puede hacer. Igual me puedo tomar las pastillas con ron y salir a la calle. Con un poco de suerte me atropella un auto y deciden que pueden verme la rodilla antes.

O deciden que la salud de las personas es más importante que repartirse sobres y robar. Que es más importante que sus putos viajes, sus putas casas y su puta madre. Me encantaría saber cuántos de los anormales que nos gobiernan tienen acciones en la salud privada. Cuántos familiares de subnormales tienen clínicas privadas.


Pero al rey de España, que se jode la cadera matando animales con nuestro puto dinero, hay que atenderlo como si hubiese cotizado alguna vez en la vida. Y no una. Ni dos. Las que haga falta.

Señores políticos, váyanse ustedes a la concha de su madre. Y si pueden quedarse ahí, mejor.
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Extraña energía sobre El Limbo y sus habitantes

Los limbeños viven afectados por una extraña energía
Libro de Bitácora

Los limbeños son gente “especial”. Yo llamo limbeño a cualquiera que lleve más tiempo que yo aquí. No hace falta que sea autóctono. Pero tiene que vivir aquí. Eso o ser amigo mío y haber estado en El Limbo. Como Carmen, Glori o Víctor que ya son limbeños por derecho. Alguno otro sí que hay, pero eso lo dejamos para otra…

Pero bueno, volvamos que me desvío. La cosa es que cuando llevaba muy poco tiempo en el pueblo, Edu me presento a unos limbeños. Para ser honestos eran gabachos, italianos y barceloneses, pero vamos, limbeños porque viven en El Limbo. La cosa es que ellos me contaron que El Limbo sufre el influjo de cierta energía que potencia las cualidades o defectos de sus habitantes. Y se quedaron tan panchos. Estuvieron un par de birras explicándome sus teorías, que debo confesar, no me convencían. Pero a ellos sí. Y mucho. No veáis con qué pasión defendían la idea. También es cierto que llevaban una fumada que no era ni medianamente normal. Pero según estos limbeños los porros también son potenciados por esta energía. Y el alcohol
Ahí los deje en la ex terraza de Edu y me vine pa mi piso. Que pa rayadas de coco, puedo solita. Pero ahora ya llevo como 4 meses viviendo en El Limbo y, miedo me da decirlo en voz alta, pero creo que tienen razón. Esa energía existe y hace a los limbeños gente “especial”. Y cuando digo especial, quiero decir grillaos. Loco o chiflado de toda la vida. Ejemplos tengo muchos, pero el mejor es el de ayer.
Mediodía en la playa de El Limbo. Sol por todo lo alto. Calor de flipar. 27 grados a finales de octubre. De mas está decir que yo estaba de guata al sol potenciando mi moreno para que dure lo más posible. Sí, en plan hueca y qué. Música en los cascos, no voy a decir qué que fijo que Víctor me echa la bronca, pero en plan relax, mu a gustito… 
Se me acerca un cabro chico, limbeño a todas luces. Yo le echaba unos 15-17 años como muchísimo y me suelta…
Cada cuánto se lava el pijama… Yo es que estoy en segundo de bachillerato y quiero ser filósofo, pero quiero preocuparme por las cosas que de verdad le importan a la gente, que eso del alma está desgastado.”
Consiguió llamar mi atención y que me quitara los cascos… los 2!!! Le digo que no tengo ni puta idea porque no uso pijama, pero que le pregunte a su mamá, que fijo que sabe.
No se da por vencido y vuelve al ataque. Me dice “y los vaqueros. Por qué vaqueros sí que usarás y esos no se ensucian nunca. Cuándo se lavan”. Como ya no sabía qué decirle, le dije que si no se le ensuciaban, pues que los lavara cuando olieran. Y aquí saca este mini moco limbeño la artillería pesada y me dice “lista y guapa. Me haces un sitio en tu toalla… No querrás que siga aquí de pie… Estoy limpio”. 
Estupor no, lo siguiente. No solo por él. De mi boca salió un “te das cuenta de que podría ser tu madre”. Y ya me cago. Porque me sentí vieja de cojones
Y eso, tiene que ser la energía potencialimbeños. A él le potencia las patas y la caradura y a mí, la vejez. Eso quiere decir que El Limbo me está haciendo vieja y, de ser así, me cambiaría de pueblo. ¡¡¡YA!!!
Al cabro weón este lo mandé pa la casa sin compartir la toalla. Me hizo soltar una frase de vieja y sentirme vieja. Eso y que el pobre, además de tener “casi” 18, no era para nada de mi gusto. Y es que si una se va a comer un yogurín, que al menos sea del sabor que le gusta… O no?

El Lagarto de El Limbo

El Lagarto Limbeño, tiene mucho peligro.
LagartoPedia
El Lagarto de El Limbo es una especie autóctona de la zona, que sólo puede ser visto los días de calor, bajo el sol de la playa. Fue bautizado inteligentemente con este nombre por Glory debido al color de los ojos del Lagarto, amarillo cambiante. En caso de que esté tomando sol y aparezca el Lagarto, no se acerque. Ya lo hará él. Pero tenga cuidado, el Lagarto no es un lindo animalito. Es un carnívoro en busca de nuevas presas.  
Yo pensaba que no lo iba a ver porque he tenido un verano muy playero en El Limbo y jamás lo vi, hasta casi el último fin de semana de playa. Tres veces en tres días. Impresionante.
El Lagarto de El Limbo tiene, como ya sabéis, ojos amarillo y un cuerpo atlético para moverse tanto por la arena como el agua. Si os fijáis bien en su piel, veréis que está tostada por el sol y que a la altura de la cintura, le asoma una pequeña marca. Si el Lagarto fuera humano, diríamos que es un tatuaje. Y no tiene un pelo de tonto. Vamos, que va de Calvo por la vida.
Su modus operandi es relativamente “clásico”. El primer día lo dedica a pasearse delante de su presa, exhibiendo su cuerpo y sus dotes atléticas. Para ello, busca tumbarse al sol cerca de su presa, lo suficiente para dejarse apreciar en las continuas idas y venidas de la arena al Mediterráneo. Será breve. Pero intenso. Sabe que es un Lagarto que deslumbra con sus colores y lo aprovecha. Cuando sabe que ya sembró, recoge sus bártulos y marcha. Ya habrá un segundo ataque.
Al día siguiente, El Lagarto buscará pasar delante de su presa con la cacería de la noche anterior. Busca ser visto e intentar demostrar, gracias a la aparente voluntaria compañía, que es inofensivo. No se fíe. Una vez seguro que de que ha sido visto, se pondrá de guata al sol donde pueda observar y analizar a su presa sin ser visto, a menos de que él así lo quiera. Por eso, si la presa levanta la vista, quizás pueda verlo sobre el roquerío limbeño, acechando.
Ya está hecho. O eso se cree El Lagarto. Ahora solo queda esperar al tercer día, para llevarse la presa a su guarida. El tercer día no lo verá llegar. Se habrá acomodado muy cerca suyo, pero escapando de su campo de visión. Así que cuando menos se lo espere y más desprevenida esté, sentirá la voz de El Lagarto a su espalda, con cualquier excusa. La distancia que ha puesto entre él y su presa es perfecta para un “me acerco que no te oigo”.
Y ya está. La única opción de arrancar es ser más lista que El Lagarto limbeño. Estará junto a usted, contándole su vida e interrogándola sobre la suya. Haciendo como que pone atención. Como todos. No olvide que El Lagarto limbeño, es macho. A veces, incluso parece una araña, por como va tejiendo su red. Lo que él no sabe, es que su presa viene de arrastrarse por el barro de El Limbo y no se lo pondrá fácil.

Finalmente, El Lagarto desiste y se marcha a su guarida con las patas vacías, pero no sin dejar en el aire una amenaza: “Nos vemos por El Limbo…”

Nota al pie, por si se cuela algún Lagarto Limbeño

Lagartos limbeños, lo que deberíais saber es que muchas ya nos sabemos esas técnicas de memoria. Lo que tampoco sabéis es que deberíais ir con cuidado. Si te acercas mucho, puedes pasar de cazador a presa y caer en las redes que tan bien hemos sabido tejer para nuestro disfrute y protección.

Los VeciYayos

Una VeciYaya cualquiera
La Blog del Pueblo
A la derecha de El Limbo viven mis VeciYayos. Son tan viejos que deben ser los precursores del Arca de Noé, como poco. Él, sordo como una tapia. Pero debe pasar de usar audífono porque por las noches escucho su radio desde mi cama. Un lujazo, vamos. Sí, podría ser peor, podría escuchar los muelles de su cama…

Y su mujer es pa darle de comer aparte. Es la típica vieja copuchenta, de pueblo. Que tiene que saber todo lo que pasa en la escalera para ser feliz.  Es de esas viejas que huelen a talco; se dibujan la ceja porque en algún entraño arranque de moda, se las sacó todas y no se dejó un pelo. Por supuesto, no sale de su casa si no va pintada como una puerta. 

La ultima obsesión de la VeciYaya, soy yo. Interroga a la Mary, la de abajo. Que quién soy, que qué hago, que por qué vivo sola, etcétera etcétera etcétera… La de abajo, que dice ser más discreta que la veciyaya le dijo que si tantas ganas tiene, que llame a mi puerta. “Fijo que te invita a un café y te cuenta su vida”. Y una leche. No la invitaba yo a esa ni a pasar. 

Pues resulta que a la VeciYaya le parece fatal que una mujer de mi edad viva sola. Dos cosas, ¿cómo narices sabe qué edad tengo? Porque como me diga que me veo vieja no le sirvo leche, le pongo una con la mano abierta. Y dos, ¿hasta que edad puede vivir una mujer sola? 

Tema peliagudo. Estoy del temita de la edad hasta las narices. Resulta que un tío treintón o cuarentón, separado, es una perita en dulce. Interesante. Una tía de la misma edad o se queda pa vestir santos o va como loca con el vestido de novia en la cartera

Pos va a ser que no. Que habemos algunas que no tenemos la más puta gana de volver a casarnos. De hecho, yo tengo mi vestido de novia en un armario, no en la cartera. De una casa que ni siquiera es la mía. Y ahí pretendo que se quede. Ese y cualquiera. Que el rollito de tropezar dos veces con la misma piedra no está en mis planes.

Que vale. Nunca digas de esta agua no beberé, este cura no es mi padre y esta polla no me cabe. Pero vamos. Que ni ganas. Ni de eso ni de echarse novio.

Pero parece que debería querer. La vieja lo piensa así. Los tíos creen que estas buscando un sustituto porque es imposible que una mujer de tu edad no esté buscando echarle el lazo al cuello. Y hay tías, sí tías, que creen que deberías echarte novio porque “pues sola, como que no”. Todas esas cosas me las han dicho. TODAS. 

Y claro. Si lo piensas, tienen razón. Yo ya tengo una edad. Tengo una edad para hacer lo que me salga del pie. Dónde quiera. Con quién quiera y cuándo quiera. Y las veces que quiera. Y si quiero vivir sola con mis Bichos 50 años más, es wea mía y no suya. Ni de nadie. 

Y como ya tengo una edad, lo mismo monto una orgía en casa para que la VeciYaya hable con ganas. Seguro que ahí no me importaba tanto que viviera sola.

De dónde cresta salió El Limbo

La foto es un regalo, sin saberlo, de mi cocinero favorito.
Gracias Víctor, sos enorme!!!!

Seguro que muchos se preguntan de dónde cresta salió eso de El Limbo. Ya es hora de que lo sepan. Pero es por egoísmo. Ya saben que yo me expreso mejor escribiendo. Y para cerrar del todo, necesito sacarlo. Ya no quiero esto dentro de mí…

El Limbo nació la tarde del 14 de octubre de 2012 cuando mi vida tal y como la conocía, saltó por los aires y se fue a la mierda. Así, sin paños calientes. Sin avisos. Sólo se destrozó y me arrastró con ella a un lugar del que pensé que no podría escapar jamás: El Limbo. Era un lugar de sombras, de insomnios y de dolor. Sobre todo, de dolor. De esos dolores agudos, tan constantes que crees que no hay nada que te saque de ese Limbo al que te empujaron.

Y ves las horas, los días, las semanas y los meses pasar. Y ese dolor constante se hace más intenso el día que te dicen que una joven amiga, demasiado joven, ha muerto. Y piensas que la vida es una mierda. Que no es justo. Que dios no existe ni existió nunca. Pero por si acaso te cagas en su madre, en su padre y en la santísima trinidad. Todo junto. Del tirón. Y caes más y más adentro de El Limbo. Te arrastras por el barro de El Limbo auto compadeciéndote, pensando que tu vida es una mierda. Y piensas en todo lo que perdiste. Que es mucho. Personal y material.

Hasta que piensas en tu amiga que ya no está. Esa a la que no verás más y que ni siquiera pudiste acompañar en su último adiós por estar lejos, física y mentalmente. Pero también piensas en cómo disfrutaba ella de la vida, con que energía la vivía a pesar de todo. En la sonrisa que tenía siempre. En las cosas que viviste con ella. Y empiezas a ver que arriba del todo, otro Limbo es posible. Y la verdad es que es posible el que quieras. Donde quieras. Porque lo que ha pasado no es otra cosa más que una oportunidad. Una oportunidad para sacudirse el barro y buscar ese Limbo donde el sol brilla casi cada día. Ese Limbo donde puedes volver a hacer todo aquello que habías dejado hace siglos, cuando Madrid era presente y no pasado.Y te apoyas en los que te quieren. Y te dejas ayudar. Y cada día duermes un minuto más. Y comes una cucharada más. Y te sacudes un poco más de barro. Y un día, te das cuenta de que sonríes. Pero de verdad. Con esa sonrisa que te alumbra los ojos y te llena el alma. Esa sonrisa que es muy distinta a la que fingías antes, cuando estaban todos tan preocupados por ti que no podían darse cuenta de que era más falsa que…

Y empiezas a tomar decisiones. La primera es encontrar tu lugar, ese lugar al que llevar a tus Bichos, tus cosas y tu Limbo. Para empezar de cero, de nuevo. Casi 10 años después. Pero con la experiencia de 10 años en los que te hiciste vieja y aprendiste que no quieres de la vida. Aprendiste que es lo que no quieres en Tu Limbo. Y vas descartando. Descartas “amigos”, actitudes, malas energías y envidias. Las dejas fuera y cierras esa puerta. Y dejas entrar cosas nuevas. Nuevas amistades y nuevas energías. Esas que hacen que Tu Limbo sea lo que siempre quisiste y nunca hiciste. Porque no eras consciente. Pero ahora sí. Más que nunca. Porque pasar por el barro de El Limbo te deja atenta a todas esas cosas. Alerta. Pero feliz.

Y encuentras locación para Tu Limbo. Un pueblo pequeño. Con el Mediterráneo tan cerca que de sólo pensarlo, te orgasmas entera, como diría la gran Ali. Tranquilo. Perfecto. A veces piensas que es tan perfecto que va a desaparecer, pero al día siguiente, está ahí. Y sonríes. Con los ojos. Con la herencia familiar de marfil.Y eres consciente de que si saliste del barro y te construiste un Limbo tan perfecto que te alegra sólo con estar ahí, lo demás vendrá rodado. Porque me quiero tanto que sé que me lo merezco. Y si no vienen rodado, ya estoy yo ahí para echarle otro par de huevos a la vida y seguir. Que no será por ganas. Y si no estoy yo, están mi familia y mis amigos para darme un par de hostias que me hagan espabilar.