HE DE…

Llevo un día de esos raros. Esos días en que las lágrimas y las sonrisas se te mezclan en la cara y en el alma. Alma es como llamamos a eso que duele cuando recuerdas con lágrimas en los ojos a los que ya no están. Ni estarán.
Llevo todo el día con un nudo en la garganta recordando el día que conocí a mis padres. Seguro que vosotros no lo recordáis. Yo es que tengo suerte. Y buena memoria. 
Hoy tuve que visitar un pueblo de Barcelona donde casualmente está el albergue juvenil de la Generalitat en el que me alojé cuando tenía 18 años. Salvo por una fuente de agua que tenía enfrente, el edificio está tal y como lo recordaba. En enero van a ser 15 años ya. 
Uno de los días que teníamos libres y que cada uno podía hacer lo que quisiera yo lo destiné a pasarlo con una prima hermana de mi papá, su madre, su marido y su hijo.Ahí nos conocimos. En el patio del albergue juvenil de El Masnou. Me fueron a buscar para ir a almorzar juntos. Carme y Melo. Ni siquiera nos habíamos visto en fotos. Y si lo habíamos hecho, no lo recordaba.  Si hace 15 años, en ese patio, me hubiesen dicho que los iba a querer como si fueran mis padres, no me lo habría creído. Si me hubiesen dicho que me iban a querer y a tratar como una hija, tampoco me lo habría creído. 
Pero la vida da muchas vueltas y 5 años después de ese primer y breve encuentro, terminé pidiendo “asilo político” para mi autoexilio en su casa. 
Y hoy estuve ahí. En el mismo patio. Y todo me saltó a la mente como una ráfaga de recuerdos. No tenía ni puta idea cuando me fui de Chile que aquí iba a encontrar otro padre, otra madre y un hermano más para que este viaje no fuera tan solitario. Mucho menos que iban a ser las personas que me invitaron ese día a almorzar y me llenaron de regalos, presentes e incluso pelas. Me acordé de los nervios que tenía ese día, de la casa en el pueblo, de la mamá de Carme a quien nunca más vería, de la bronca de Melo por pedir Fanta Naranja para almorzar. 
Pero sobre todo de Melo. Ese que durante 7 años fue mi padre. Ese con quien discutíamos de coña por ver quién levantaba la mesa o fregaba los platos. Ese que me recibió en su casa con los brazos abiertos… Y el corazón. Ese que hace casi 4 años no está con nosotros y echo de menos a rabiar cada día que pasa. Ese que está en mis pensamientos diarios. El hombre más bueno y sabio que he conocido. Ese al que me encantaría haber podido pedirle consejo el día que el Limbo me tragó. Y hoy. Y mañana. Ese al que sé que jamás le dije que lo quería como a mi segundo padre. Pero sé que se lo demostré. Y me gusta creer que lo sabía. Quiero creer que se fue sabiendo que lo quería y lo querré, como al mío.

Y todo esto se me agolpó en la cabeza, en la garganta, en los ojos y en el alma al ver la fachada de este edificio. Y ahí estuvo. Todo el día amenazando con salir y explotar, sin importar dónde estuviera ni con quién. Pero he conseguido aguantarlo hasta la soledad de mi casa y soltarlo al cerrar la puerta
A pesar de lo que pueda parecer, tengo suerte. Tengo 2 padres y dos madres que me quieren, cuidan, protegen y velan por mí. Y a pesar de que cada vez que puedo le digo a las Cármenes y a Jaime que los quiero y a Melo le envío un beso por las mañanas, allá donde esté, necesitaba soltarlo y gritarlo a los 4 vientos. Porque una vez leí que mientras recordemos a los que se han ido, siempre estarán con nosotros y yo quiero que todos recordéis a Melo, para que nunca nunca nunca pueda sentir que no lo tengo a mi lado.
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De libros y personajes va la cosa…

Hoy me leí La Sombra del Viento. Creo que por cuarta o quinta vez. Sí, la de Ruiz Zafón. Conozco la opinión que muchos tienen de ese libro o ese autor. Me la sopla. Me gusta. Mucho. La verdad es que tampoco me lo leí. Me lo devoré. Como hago siempre. Lo empecé anoche y lo acabo de terminar.  Cuando elijo un libro no me suele importar si es un Best Seller o un libro de mierda que solo compré (o bajé) yo. Leo porque me gusta leer. Casi lo que sea. Sólo he dejado un libro a medio empezar. Varias veces y siempre el mismo. Me supera. Es mi tarea pendiente. Hasta la biblia me leí. Entera. Como un libro más. Me da igual repetir. De hecho, una vez al año releo El Perfume y El Guardián entre el Centeno. No sé ni cuándo fue la primera vez que los leí ni cuántas veces los he leído ya. Pero me da igual. Me los vuelvo a leer cada año como un ritual. 
Este mes le toca turno a los de Zafón. Tengo varios. 6 ó 7. Y al igual que con los demás libros que releo, siempre consigo identificarme con alguno de los personajes del libro y hacerme suya su historia mientras me dura el libro. Lo curioso es que siempre es un personaje distinto. Debe ser porque cada vez que me releo un libro estoy en una etapa distinta de mi vida. Supongo. Igual soy la única weona que se identifica con los personajes de ficción. No lo sé. Pero sólo me pasa con los libros. Ni con las pelis ni con las series.
Esta vez fue Nuria Monforte. Una mujer que vive sola con sus recuerdos en un piso oscuro de Barcelona. Que pasa sus días en casa trabajando desde su máquina de escribir como traductora, correctora de textos o lo que salga. Sobreviviendo mientras espera que su suerte cambie. Y se le va la vida en ello…
Y aquí estoy. Con el celular apagado, fumándome un pucho y tomándome un vaso de vino (Nota mental: ¡compra copas de una puta vez!) con El Juego del Ángel esperándome en el sofá para continuar mi lectura. Pero no quiero dejar escapar a la Monforte todavía. Y aquí estoy. Dándoles la lata sólo para decirles que nunca nunca nunca tenemos que conformarnos con sobrevivir. Ni esperar que la suerte cambie. La suerte no existe. Es la que nosotros nos buscamos. Buena o mala. Mierda o perfecta.



“- Le podría decir a usted que es el corazón, pero lo que mata es la soledad. Los recuerdos son peores que las balas.”

“… que a mí el respeto de este orfeón de monas que llamamos humanidad me la trae flojísima…”

“Sentí que se me encogía la garganta y, a falta de palabras, me mordí la voz.”

“… Por esa estupidez eterna de perseguir a los que nos hacen daño.”

Quiero ser mala persona

Quiero ser mala persona

Quiero poder pagar con la misma moneda y que me la sople

Quiero que me importe una mierda lo que le pasa a los demás

Quiero estar tan preocupada en tener un cuerpazo que no tenga tiempo a preocuparme por tener una mentaza

Quiero que el único libro que haya leído tenga más dibujos que letras

Quiero hacer como que escucho cuando me cuentas tus problemas

Quiero acostarme a dormir -y dormir- sin darle vueltas a todo, propio o ajeno

Quiero burlarme de los problemas de los demás, por pequeños que parezcan

Quiero menospreciar los gustos de los demás

Quiero aprovecharme de la buena voluntad de los que me rodean

Quiero mentir, engañar y hacer sufrir

Quiero jugar con los sentimientos de los demás

Quiero pasar de mis problemas… Y de los de todos

Quiero que cuando estéis a mi lado os sintáis tristes y deprimidos

Quiero que me importe una mierda todo

Quiero ser mala persona…
Pero no me sale

La Abuela Folladora

Cuando una va a Barna desde El Limbo, se programa el día para aprovechar al máximo la visita… Y amortizar el precio del viaje, que para eso soy mu ahorrativa. Así que el sábado fui a desayunar con mi prima/tía/madre y luego a la presentación de un libro de poemas, que eso, es cuento aparte.

La cosa es que después iba a ir a un chileno a comer con una amiga, también cuento aparte, pero no vino. Así que me fui con mi prima/tía/madre y una amiga suya de 69 años a comer a Can Culleretes… Uno de esos sitios al que seguramente jamás habría entrado si no me lo dicen.

La cosa, para no aburriros más, es que la amiga de mi prima/tía/madre representa unos 50 y algo. Pero el próximo mes cumple 70. La vamos a llamar la Abuela Folladora, con todo el cariño del mundo. De verdad. Cuando el vino ya había empezado a hacer efecto, nos contó que tiene varios “amigos”. Y de un amplio abanico de edades… Vamos, entre los 25 y los 56. Más mayores no le gustan. No se les levanta.

Y claro. Se te queda cara de idiota. Y piensas que la señora se está tirando el pisto. Pero siguen saliendo botellas de vino y con ellas, fotos de los tíos, que, las cosas como son, no están mal. Sí, yo también lo pensé. Podrían ser sus nietos, hijos, primos o amigos. Pero créanme, no hay nieto que le mande ESE tipo de Whatsapp a su abuela… Ni por muy liberal que sea. Y es que también aparecieron mensajes.

Y te preguntas qué haces mal. Es que tiene casi 70 tacos!!! Y ella, te lo explica. Os medio resumo los consejos que nos dio la Abuela Folladora, por si queréis tomar nota.

“Para empezar, no miráis. El guiri de la mesa de al lado, él que está con su mujer (cómo no, ¡casados!) está tan pendiente de ti, que si quisieras, te lo habrías ligado. Y los que están en la mesa de arriba (lo único menor de 40 de todo el restaurante) también. Te podrías llevar de calle a varios.” Son 8 italianos, de los cuales 3 o 4 están más que potables. Mi prima/tía/madre y yo flipamos. Es verdad. No nos hemos dado cuenta, pero ahora que nos lo ha dicho y prestamos más atención, es evidente.

No comprobamos la teoría esa de que nos los hubiésemos llevado de calle, pero tenía toda la pinta. En fin, primer dato, abrir los ojos. Segundo, mentir en la edad. Evidentemente ninguno de los amantes de la Abuela Folladora sabe que tiene casi 70 tacos. De hecho, ni siquiera su última pareja estable, con la que estuvo 19 años, sabe bien cuántos años tiene. Una crack. Yo es que soy weona y siempre digo que tengo 34.

Y el último consejo es NO TE ENAMORES. Los puedes querer, los tienes que querer, pero jamás te enamores. Y cómo evita ella eso. Pues fácil. Tiene siempre 4 amantes/amigos a los que se tira. Los quiere mucho a todos, pero no se enamora de ninguno. Y cuando se queda con 3, rápidamente busca al cuarto.

Los VeciYayos se piran

He ganado la batalla, que no la guerra. Ayer me enteré de que los VeciYayos se van y vuelven a su pueblo, que no es este. La verdad es que llevaba días sin sentir la radio y los ronquidos del Yayo y llegué a pensar que la vieja en un arranque de humanidad lo había matado a hostias con la radio. Pero no. He ganado la batalla y ellos se vuelven a su pueblo.


Y yo me quedo en Mi Limbo. Ahora puedo poner la radio más alta todavía. Mi planta está vacía. Y el edificio, por los pelos.

También me enteré de que la VeciYaya se va, pero con mala hostia. Deja en el piso nada más y nada menos que a su hermana y al marido de ésta. Igual de yayos que ellos. Así que más viejos al acecho. Anoche los conocí. Venían a dejar algunas cosas y aprovechó de preguntarme con quién vivía. Así que lo de cotilla y chafardera, es de familia. No pudo evitar decir “solita… pobre”. 

Creo que no nos vamos a llevar bien. Amos a ver “señora”. Si me suelta un “pobre” a los 2 minutos de conocerme, tengo claro que el primer día de enero que viva aquí me va a decir “es que te vas a quedar para vestir santos” o alguna mierda de esas. Y claro tengo dos opciones. Explicarle que ya estuve por la labor de no quedarme pa vestir santos y que no resultó o directamente mandarla a la mierda. 

Y la duda que me asalta es… Si me casé y me divorcié… Me quedo igual pa vestir santos o ya no? Alguien sabe cómo funciona lo de vestir santos… Yo es que prefiero desvestir diablillos 😉

Un "Calvo" Ardiendo

 
 Me invitan a colaborar a Un Clavo Ardiendo. Y claro, como llevo una temporada como una puta cabra, se me vienen un montón de cosas a la cabeza. Clavo, ardiendo, tíos, parejas, polvos sin compromiso y fijos discontinuos. Así todo del tirón. Y claro, miedo me da lo que pueda salir. Pero como hay confianza y ya sabemos el rollo ese de que da asco, pues allá vamos.  

Polvos sin compromiso

Somos animales. Algunos más que otros, pero somos animales. Y como tales, tenemos ciertas necesidades biológicas ineludibles. Comer, dormir o follar. Por poner algunos ejemplos. El problema es que no siempre podemos satisfacerlas, por diferentes razones. En lo de comer o dormir no entro porque no soy la más aconsejada. Desde que se me apareció El Limbo las dos cosas se me dan a rachas. A veces mu malas y otras, menos. Tampoco os vayáis a pensar que eso de follar se me da mucho mejor. Ojo que hablamos de cantidad…
Pero creo que sin duda es de la que más nos quejamos. De su falta, digo. (Los que solo hacéis el amor, podéis dejar de leer. Los católicos que solo follan como un camino para engendrar y traer más discípulos a dios, lo mismo. Y mis papás, también).
Y es aquí cuando surgen los llamados polvos sin compromiso. En Yo follé contigo os llaman fijos discontinuos, sí, a vosotros, los tíos. Es una buena definición. Ahora, si os la tengo que explicar, apaga y vámonos. 
En fin, que los polvos sin compromiso son eso, sin compromiso. Que no sin sentimientos. Que no haya compromiso no quiere decir que no pueda haber amistad o cariño. Pero quizás habría que aclarar que los polvos sin compromiso no son sólo cuando ellos quieren. Menuda gracia. Si una tiene que estar ahí cuando él tiene ganas de un polvo sin compromiso, se asume y se presume que tiene que ser al revés también. 
Pues no. Sorpresa. Cuando tú quieres, te jodes, metafóricamente hablando, claro. Porque si al susodicho le viene mal o le toca polvo sin compromiso (o con) con otra, pues a ti te toca quedarte a dos velas. 
Y es que se asume todavía, en pleno 2013 que a las mujeres que les gusta el sexo, son putas. Las cosas como son. Salvo 3 ó 4 iluminados, la gran mayoría piensa eso. No hay más que darse una vuelta por las redes sociales o escuchar a un par de tíos hablar. Para ponerlo más claro. Se filtró un video de dos follando en un paseo mechón. Los comentarios que se podían leer eran del tipo “qué crack (él)” y “puta la weona caliente”. Vamos a ver. O los dos cracks o los dos weones calientes. Qué mierda es esa de que el putón es ella. ¿De verdad? ¿Todavía? ¿Qué pasa? Que a las mujeres solo les puede gustar el sexo con pareja estable, hipoteca y mascota de por medio. 
Pues no señores y señoras, a las mujeres también nos gusta follar. Y como animales que somos, menos que vosotros claro está, es también una necesidad.
Así que por qué no nos dejamos de tonterías y fomentamos los fijos discontinuos. O los polvos sin compromiso. Seguro que iríamos todos más felices por la vida. Menos amargados. Y con el cutis más brillante.