Cita a Ciegas… ¡Nunca Máis!

Cuando estás soltera tus amigos se empeñan en presentarte gente. Amigos, conocidos, hijos del primo de vecino, compañeros de trabajo y cualquier otro derivado masculino. Evidentemente tendrá tu edad, también estará separado y, probablemente, con hijos. Mientras más te niegues a quedar, más insistentes serán los cupidos.

Te enviarán fotos en las que evidentemente sólo sale su lado más tremendo y te contarán todas las bondades que tiene. Lo excelente persona que es, buen amigo, padre, hijo, marciano, etcétera etcétera etcétera… Y claro, es inevitable pensar “y qué hace esta joyita solo?”. Luego te das cuenta de que tú también eres una joyita y también estás sola. Así que bajas el muro y decides quedar. Vamos, una cita a ciegas de toda la puta vida. 

Y claro. Si con 34 años no aprendiste que las citas a ciega son, en el 99,9% de los casos, un fracaso, ya no lo vas a aprender. Así que sigues picando, como las tontas. 

Si tienes ¿suerte? estará bueno desde todos los ángulos. Si tienes un poco más de suerte, no será un friki. Y si ya eres la hostia de afortunada, tendrá tema de conversación. Digo más allá del fútbol, el último juego de la play (a esta edad, de verdad????) o su trabajo. Que por mucho que él piense que es la rehostia, es un coñazo escuchar toda la noche hablar a alguien de algo que no te interesa y que encima, no tienes y buscas como loca.

Si a eso le agregas que se pasa toda la noche hablándote al escote, pues más ganas te dan de irte a casa y meterte en la cama… Con los gatos. Que una cosa es que admiren y otra cosa es que ponga cara de salido baboso y parezca el violador del cutter. Que ya sé yo que mi escote está muy bien, pero hijo, que no tenemos 15 años y con esa cara parece que no has visto dos tetas en tu vida. Ni una. 

Y así, se te pasa la noche deseando volver a casa, quitarte el maquillaje, la ropa y meterte en la cama a charlar con los Bichos, que ellos tienen más tema de conversación que el alien que acabas de conocer.
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Definitivo: Me hago mayor

Así os escribo un sábado noche
Me hago mayor. Sábado, 9 de la noche. Debería estar duchándome y poniéndome mona –más– para salir. Ir a tomarme algo, bailar o lo que surja. Y en lugar de eso estoy inventado una excusa barata por Whatsapp para escaquearme y no quedar TAN mal.

Y es que una cosa es que yo sepa que me estoy haciendo mayor y la otra, es ir pregonándolo por los rincones. Hace algunos años y lo dejaremos en algunos por benevolencia hacia mí, me importaba un carajo si tenía ganas o no. Los fines de semana eran para salir. Y liarla. Y liarse. Sola o acompañada. La verdad es que nunca me ha importado una mierda salir sola. De hecho, las juergas más memorables han empezado así. Y he conocido gente muy variopinta que estoy segura que de otra manera, no la habría conocido ni de coña. Y eso, no pasó hace mucho. Creo. O quiero creer. 

De hecho, la última fue este verano para las fiestas de El Limbo. También es cierto que me tuvo que convencer mi cuñada desde Chile para que me arreglara y saliera. También es cierto que se lo estuve agradeciendo como un mes. Me lo pasé teta ese día. Y algunos más después, también. Pero es que hoy, no me convence ni Brad Pitt. 

Ya tengo plan de vieja montado. He abierto una botella de cava para celebrar mi entrada en la vejez. He bajado (¿es delito?) una película que me recomendó el CM de un restaurante indio en Barcelona (por cierto, también me invitó a mí +1 a comer) y tengo la manta preparada y a los Bichos calentando el sofá. 

Le puedo ya dar la bienvenida a mi vejez o me falta algún ritual por celebrar?

Lo que pienso del avatar amarillo

Un GRAN trabajo de El Citador

Esta mañana me llegaron varios Whatsapp invitándome a cambiar mi avatar por un cuadrado amarillo chillón en señal de protesta por todo lo que estamos pasando en España por culpa de políticos corruptos, banqueros ladrones y otro tipo de gusanos que viven a nuestra costa. A mediodía he discutido con un imbécil que dice que debo de tener algún tipo de relación con el PP por negarme a ponerlo.

Las redes sociales van a ser nuestra perdición. Estamos tontos. Y tenemos lo que nos merecemos. Seguro que Rajoy y compañía se descojonan viendo los avatares amarillos. Y si es para concienciar, me asusta aún más. De verdad necesitáis ver un puto cuadrado amarillo chillón para saber qué nos están dando por culo por encima de nuestras posibilidades. Tenemos ya el culo como la bandera de Japón. Seis millones de parados, recortes, subidas, recorte de libertades… No necesito un cuadrado amarillo para estar INDIGNADA, me basta con ver las noticias. Me basta con ver cuántos políticos siguen en sus “trabajos” a pesar de estar imputados. Me basta con ver como la Casa Real española se descojona mientras se funde nuestro dinero matando animales.
De verdad necesitáis un puto cuadrado amarillo para salir a las calles????!!!! De verdad? Si es así, estamos peor de lo que pensaba. MUCHO PEOR. Lo que necesitamos son más actitudes como las de Gamonal. Más gente en las calles peleando por lo que es nuestro. Más gente gritando que sabemos que esto no es una crisis, es una puta estafa. 
Por mí, el cuadrado chillón os lo podéis meter por donde la cerveza sin alcohol, el café sin cafeína y los Me Gusta para curar el cáncer.

La hermana de la VeciYaya

Bueno, ya sabéis que mis vecinos son pocos, pero contundentes. Contundentes de que dan para mucho… Los VeciYayos me abandonaron hace ya un tiempo. Pero la amenaza de la hermana de la VeciYaya y su marido rondaban como negras nubes sobre mi cabeza
Y como siempre, no me equivoque. Después de un brevísimo encuentro face to face, no nos hemos visto más. Pero nos escuchamos. Bueno, yo a ella, sí. Al revés no lo tengo tan claro. 
La hermana de la VeciYaya y su marido llegaron a El Limbo con el inicio del año. Con una mudanza ruidosa, dando voces en las escaleras y cotilleando, como no, con la Mary.  También es cierto que en este edificio no hay mucha más gente con la que cotillear.
La hermana de la VeciYaya es de esas viejas que cuando se encuentra con un vecino en el descansillo, lo engancha media hora contándole sus cosas. Lo sé, porque desde la seguridad de mi casa, oigo como algún ingenuo cae en sus redes. Ya podría ser de esas vecinas majas que se preocupan y te traen tuppers con comida y verdura del pueblo. 
Pero no. Esta vieja trae ruido. De día, música. Incalificable. No sé qué narices escucha, no soy capaz de ponerle nombre, pero la odio. Pero es por las noches cuando más la odio. Tiene la tele en la habitación, seguro. Y la ve hasta tarde. Y alta, de cojones. Tanto que hay algunas noches en las que opto por no poner música en la cama, porque no la oigo. Es lo que tiene estar pared con pared.
Al que tampoco oigo, es al marido. Así que me lo imagino como un marido cojín, que va de la cama al sofá y del sofá a la cama sin grandes complicaciones. De esos que con tal de no alterar a la parienta le dice amén a todo y tan ricamente. Lo bueno es que el Marido Cojín es silencioso hasta cuando duerme y ni siquiera ronca. Lo que es muy bueno porque no se acopla a los ronquidos del marido de La Mary. 
Lo único que trajo esta vieja a El Limbo es la segunda batalla de una guerra no declarada con su hermana. Porque ahora tengo puesta la música a toda hostia, todo el día, respetando los horarios, que tampoco es putear por putear. Hay que putear dentro de los márgenes establecidos por la Ley.
No vaya a ser que por putear a deshora vaya a recibir la visita de un mosso guapo y cachas…
Qué coño, hay que putear por la noche 😉

Por qué escribo

En la vida hay dos tipos de personas. A las que les ofende, molesta, ruboriza o escandaliza la foto de la derecha. Y a las que no. Yo solo veo piernas, cara de sueño y poco más. Hay quien dice que estoy medio en pelota en la foto. Yo sigo viendo piel. Sólo carne. Recuerdo, con una sonrisa enorme, a una gran amiga de la U, la Dani, que cuando íbamos muy escotadas nos decía “carneeeee, se ve la carneeeee” y nos tapaba. Seguro que ya no lo hace… O sí, pero da igual. Sigue siendo carne. No es más que eso. 

Hoy una persona que quiero mucho, Mi Ali, me dijo varias cosas a raíz de que estaba leyendo mi blog. Y entre eso y que para mí estos días son jornada de reflexión, por la fecha que se acerca, me plantee varias cosas. Entre ellas por qué escribo. Escribo hace muchos años, demasiados. Otra cosa es que jamás lo que escribiera viera la luz. Pero para que me entendáis un poco más, con el permiso de Ali os copio lo que me dijo…



“me gusta porque escribís “fresco” sin retóricas desmesuradas, sin aspavientos, escribís del corazón a las letras, decís lo que muchos pensamos pero no se nos ocurre transformar en escrito, me gusta porque cuando leo tu blog leo un poquitito de vos…o un mucho…seeeee un mucho 😉 
Si te explicás, escribís como hablás, simple pasas tu pensamiento en papel, no se si rectificás mucho al escribir pero se lee liviano y fresco, como esas novelas de letra gruesa y amena que comenzás en la mañana, terminás en la tarde y te dejan una sonrisa de boluda para el resto de la semana, me explico sho?”



Quedaros con eso de que “cuando leo tu blog leo un poquito de vos… o un mucho…” Y es así. No es en la foto donde estoy en pelota. Cuando realmente estoy desnuda, es cuando escribo. Y si por lo menos una persona se ha dado cuenta, es que algo estoy haciendo bien.
Y a qué más me ha llevado esta tarde noche en la playa. A darme cuenta de uno de mis miedos más grandes. Y también uno de mis motores. La respuesta a esto de por qué escribo…


Escribo porque vivo con miedo a morir y no dejar nada detrás de mí…

Los jinetes del Apocalipsis viven en mi cabeza

Mi imaginación no tiene límites. Y encima soy catastrofista. Siempre se me da mejor creer que la explicación de algo es que entraron en acción los jinetes del Apocalipsis. Raudos. Veloces. Y destrozándolo todo. Y mira que también sé eso de que la respuesta es siempre la explicación más sencilla… Pero a mi cabeza le mola más ponerse siempre en la peor situación.

Os pongo un ejemplo. Me llama alguno de mis familiares de Chile. Y yo lo primero que pienso es que ha pasado algo. Muerte, destrucción, terremotos, tsunamis o lo que sea. Y claro, ellos solo quieren saber cómo estoy. Es la respuesta más sencilla. Y evidente. Pero, mi cabecita prefiere ir por otros derroteros. Y la desecha. Por eso es que siempre contesto con un “pasó algo”. Y casi siempre la respuesta es “no”. Y cuando no pregunto si ha pasado algo, contengo la respiración hasta que escucho las primeras frases del que llama. Estoy enferma, lo sé. De todas maneras, no deja de ser bueno, porque al final me termino riendo de mis estupideces mentales. 

Más ejemplos. Estoy chateando o guasapeando con alguien. Y de repente, desaparece. Explicaciones lógicas: se quedó sin Internet. Según la hora, se puede haber dormido. ¿Qué piensan los jinetes del Apocalipsis que viven en mi cabeza? Fácil. Le dio un infarto y murió con el teléfono en la mano. O un síncope. O se puso tan enfermo que salió corriendo a urgencias. Y a medida que pasa el tiempo, en lugar de intentar volver a lo más sencillo, voy buscando cosas más rebuscadas. Incendios. Rayos. Tormentas. 

Os puedo jurar que lo intento. Intento no comerme tanto el coco. Intento no ponerme siempre en el peor de los escenarios, pero es superior a mí. No sé si es que cuando hice el cursillo de Literatura Creativa me quedé con lo peor de la creatividad. O es que veo y leo mucho de asesinatos y asesinos. 
Pero como siempre la respuesta es la explicación más sencilla, tendré que asumir de una vez que estoy como una puta cabra y que los jinetes del Apocalipsis viven en mi cabeza.

IN MEMORIAM NÚRIA RODRÍGUEZ PIÑOL



Núria Rodríguez Piñol

que vas perdre la vida

en mans d’un assassí

que acollires de nou a casa teva.


Confiant amb la teva bondat de dona

pensaves que es podria reciclar

I li vas oferir una altra oportunitat,

potser de cara als teus fills.


Estem en un món on la mort

d’una dona sembla no ser important

I cap polític no dona solució

per acabar aquest genocidi.


Potser falta la tercera revolució

històrica lluny de marxismes

i capitalisme

i remar cap un altre indret.


Si la qüestió de gènere

no és rellevant, caldrà re inventar

una Rosa de Luxemburg que separi

el blat de la palla i ens torni la DIGNITAT.



FINA RODRÍGUEZ PALAU