Carta abierta al "señor Rodalies"

25 de marzo de 2014

Estimado “señor Rodalies”: 

Espero mi tren de la línea R2. Pasa con minutos de retraso. Nada grave. Me subo, me siento y espero que arranque. Cuando llevamos 18 minutos esperando avisan por altavoz que el tren va con un retraso de, al menos, 20 minutos. Nada nuevo. El pan nuestro de casi cada día. 

Arrancamos. Por fin. Siguiente parada. 

El tren se empieza a llenar. Mucho. Y empiezan a pasar los minutos. Cuando llevamos media hora, más los 20 de la estación anterior, viajeros que comienzan a subir dicen que parece ser que hay un incendio. Pero no sabemos nada.
Se ve que los altavoces de Renfe funcionan de puta madre para ofrecer billetes para bajar a las fallas de Valencia de manera cansina y repetitiva, pero no para informar a sus usuarios, de un retraso. 

Cuando ya llevamos más de una hora esperando, informan que hay un incendio entre Bellvitge y Gavá. Que hasta que bomberos no autorice, no se arranca. Vale. Lo entiendo. Causas de fuerza mayor. 

¿Tan difícil era avisar una hora veinte antes? Más que nada porque podríamos haber buscado las soluciones que a vosotros no se os ocurrían. 

Cuando llevamos más de hora y media de retraso a algún alma iluminada de Rodalies se le ocurre hacer el viaje por el interior y luego bajar por la costa. BRILLANTE. Los curritos sin cerebro que íbamos en el tren ya lo habíamos propuesto una media hora antes.
Comienza el caos. Nadie sabe si es ese tren u otro el que llevará a cabo la odisea. La gente comienza a bajarse. A subirse. A bajarse. Guiris miran con cara de duda y no saben qué hacer. Yo decido que si me tengo que bajar, que vengan los Mossos.Así de simple.
Una vez tomada la decisión, parece ser que tiene que venir Rajoy o el rey de España a apretar el botón de ON del tren porque seguimos parados. Lo que más se oía era gente llamando a sus casas diciendo “no sé a qué hora llego”. 

Arrancamos. De camino a Sant Vicençs de Calders, sin paradas. Pero a paso de huevo. Informan que ese mismo tren, una vez llegado a destino, cogerá la R2 para bajar por la costa. Y empezamos. No sé ni lo que dura el viaje. Ya perdí la noción del tiempo. Sólo sé que ya debería estar en casa hace rato. 

Llegamos a destino. Nos asomamos a las puertas a fumar. Y vemos que la gente del primer vagón, se está bajando. Por los altavoces, ni mu. De nuevo. Cuando llegan a nuestra puerta, nos comentan que dice el chofer que hay que cambiar de tren. A otra vía. Que ese finaliza recorrido. 

Tu madre finalizará recorrido. Ahora sí que la decisión es firme. Si hay que bajarse, que vengan las fuerzas del orden. Así os denuncio por secuestro o algo…. 

Nos vamos como leones a hablar con el chofer. Decide que podemos seguir en nuestro tren y que bajará por la costa. Yo creo que se acojonó. Y nos dice que no sabía que era eso lo que iba a pasar. Que desde Renfe no se lo han informado. Y que desde cabina no oye el altavoz. WTF!!! 

Al rato largo, arranca. Llego a casa casi a las 23. Desde las 19:30 que me subí al tren. 

Entiendo que un incendio es causa de fuerza mayor. Hasta ahí llego. Tengo dos neuronas y funcionan bien. La pregunta es… 

No tenéis un libro de “Plan B” para cuando pasan estas cosas???
Un manual de gestión de incidencias que os permita tomar decisiones un poco más rápido. Porque esta vez fue un “incendio cerca de las vías”. Y cuándo pase algo más grave qué. Dormimos en la estación? En la mitad de la nada? No me gusta pensar que no sabéis qué narices hacer ante una eventualidad. ME DA MIEDO pensar que no sabéis qué hacer ante una emergencia. Sí, señores, emergencia. Tener un tren lleno más de 3 horas, des informado y sin saber qué, es una emergencia. 

No puede ser que una empresa que transporta pasajeros, cobrando un ojo de la cara por ello, tenga menos capacidad de reacción que nosotros. 

No quiero saber cuánto cobra el iluminado de turno. Ni los beneficios de Rodalies. Seguro que me dan ganas de vomitar. 

La única solución rápida que se os ocurre es poner un autobús para los que van al aeropuerto. Claro. Me imagino que como la mayoría serán turistas, habrá que cuidar la imagen. No os equivoquéis. Los que usamos el tren a diario somos igual de importantes que los turistas. 

Y nos quejamos, aunque nadie nos escuche. Porque vuestra comunicación con el usuario es de pena. Y lo digo porque estuve 3 horas 20 minutos esperando que vuestro community manager tuviera las narices de decir algo (y sigo esperando). De contestar a alguna de las múltiples menciones que se le hacían. 

Lo digo porque estuvimos casi 1 hora y media sin saber por boca de Renfe qué narices pasaba. 

Lo digo porque el conductor de Renfe no sabía que tenía que bajar por la costa. Lo digo porque porque si vuestro conductor no nos hubiese visto tan enfadados, igual nos deja ahí. 

Pero ciertamente lo que más me preocupa es que no tengáis capacidad de reacción. Que os supere un incendio. Por cierto, acabo de pasar por la “zona afectada” y ni siquiera huele a humo. Me imagino al lumbreras que toma las decisiones, en su casa, calentito, con la cena en la mesa (cosa que no tuve anoche), una copa de vino en la mano y el móvil en la otra diciendo “bueno, esperemos que lo apaguen, no pueden tardar mucho.”  No sé cuánto tardaron, ni la gravedad del incendio. Sólo sé que tardé en hacer 50 kilómetros 3 HORAS 20 MINUTOS. 

Así que como usuaria que paga, os sugiero cortar cabezas. Y buscar responsables. 

Os sugiero mejorar el plan de comunicación de la empresa. Tanto interna como externa. 

Os sugiero pensar que lo que transportáis son personas y no ganado. 

Os sugiero tener un manual de actuación frente a situaciones de emergencia. 
Frente a inesperados. Porque vuestro curro no es sólo llevarnos desde el punto A al punto B. 

Os sugiero CAMBIOS. Porque así, no se fomenta el transporte público. Porque así sólo dan ganas de comprar un coche y meteros el abono de transporte por donde la cerveza sin alcohol y el café sin cafeína. 

Besis
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Sentencia de Divorcio

Cuando te dan la sentencia de divorcio (aún no lo sabes, pero será tu “condena” de libertad) te deberían dar un listado. Sí, sí. Un listado de mujeres que vivan cerca de tu casa que también estén divorciadas o separadas. Y es que te plantas en los 30 y tantos, con ganas de juerga y de vida y con todas tus amigas emparejadas. Así que la vida social de ellas se multiplica por dos. Cuento aparte son las que tienen hijos. A esas las dejamos para otro post. 

La cosa es que quieres salir, quemar las calles de la ciudad y hacerlo con tus amigas se convierte en una especie de misión imposible. 

O te tocan cenas parejeras o no te tocan directamente. Y claro. Así que lo que es juerga juerga, pues poco. Siempre está la opción de salir sola. Conoces gente, mucha y te echas  unas risas. Pero claro. A veces lo que apetece es juerga femenina por todo lo alto. De las de antes. De las de antes de casarte. Y de las de antes de divorciarte. O separarte. Llámalo X. 

Yo creo que cuando nos desparejamos tenemos una regresión… A la veintena, para ser exacta. A cuándo tenías 20 y pocos… Pero tus amigas no han pasado ese proceso y siguen con sus vidas maduras de dueñas de casa. Y tú te ves encerrada en un cuerpo de 34, con unas ganas de juerga de 20 y en una mente de 17. Y así me va. 

No lo llames amor a primera vista, llámalo calentón

Paraellas.net
Vamos a ver. Estamos cogiendo la fea fea costumbre de no llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, por qué le llamáis amor a primera vista cuando lo que queréis decir es calentón.

Os pongo un ejemplo. Ojo, no quiere decir que me haya pasado, pero cuenta la leyenda que estas cosas pasan y que pasan así…

Vamos a localizarnos primero. El escenario tiene que ser un bar. O una disco. O unas fiestas de pueblo. O la playa. Bueno, como veis el escenario da un poco igual. Eso sí, ambiente festivo, por dios. 

La cosa es que estamos aquí. Pasándolo bien. De juerga. O de juerga y pasándolo mal, que también pasa. Incluso quizás te estás planteando irte a tu casa. Y de repente, decides quedarte. Tus ojos se acaban de cruzar con el espécimen más guapo de todo el escenario. Es, como diría mi ex jefe, uno de esos que están de “toma pan y moja”. Lo que yo llamo un tío TRE-MEN-DO. Pero no es solo eso. No es que tus ojos se hayan fijado en él. Es que cuando tus ojos se fijaban en él, los suyos se fijaban en ti. Y hay miradas, que lo dicen todo.  Y empieza la charla. Y como todos somos adultos y esto no pretende ser un relato erótico, o porno, según haya estado la noche, vamos a pasar al día después… 
La protagonista se va a la casa de su amiga y le cuenta lo de la noche anterior. Y le dice “weonaaaa, te juro que fue amor a primera vista…” Pero vamos a ver. Qué coño es eso de amor a primera vista. O yo soy muy inocente o el amor no tiene nada que ver con la vista.

Así que vamos a llamar las cosas por su nombre. Eso no fue amor a primera vista. Fue un calentón. Viste a un tío que te gustó, tú le gustaste a él e hicisteis las cosas que se hacen con un tío que te gusta cuando tú le gustas al tío. Punto. No hay más. Qué la historia a partir de ahí siga, es otro cuento, pero vamos, amor a primera vista? ¿Qué es esto? ¿Disney? 

Me da la sensación de que tratamos de esconder las cosas cambiándoles el nombre, porque creemos que de esa manera, queda mejor. Más decente. Debe ser que follarse a un tío el mismo día que lo conoces, es mal. Pero si te lo follas porque fue “amor a primera vista”, es bien. 

¿Es eso?
Es que de verdad, no lo entiendo. 
Las cosas claras y el chocolate espeso. 

No lo llames amor a primera vista, llámalo calentón.

Tengo una copa de vino en la mano y a Fito Páez sonando…

Tengo una copa de vino en la mano y a Fito Páez sonando…Así que sólo puedo hacer una cosa: Escribir… Una hoja en blanco y mientras Fito acaricia el piano –en vivo- y me dice que…
“Me hice fuerte ahí,
donde nunca vi.
nadie puede decirme quién soy
ni yo lo sé muy bien, pero te aprendí a querer
el perfume que lleva al dolor
en la esencia de las almas
dice toda religión
para mí qué es el amor
después del amor…”
…yo hago lo propio con las teclas del ordenador.

Muchas veces necesito sentarme delante de una hoja en blanco y hacer lo que hago ahora. Dejar los dedos volar sobre el teclado y dejar que vaya saliendo sólo. Sin parar a revisar ni a corregir ni a nada. Sólo dejar que salga.

Ya habrá tiempo para arreglar. Como siempre. Siempre hay tiempo para arreglar, para corregir y para pulir. Pero no siempre hay tiempo para hacer lo que necesitamos. Perdemos tanto tiempo arreglando que no nos damos cuenta de que para eso siempre hay tiempo. Y si no lo hay, qué más da. Quizás no lo necesitemos. 

Cada vez soy más defensora de hacer lo que queramos y cuando lo sintamos. Pasa tan rápido y es tan lindo, pero no nos damos cuenta porque estamos buscando algo más lindo. Algo más grande. Algo que nos llene más. Y mientras, las pequeñas, que juntas hacen esas grandes cosas, se nos pasan por el lado. Y nunca tenemos las grandes porque despreciamos las pequeñas. 

A mí dejadme las pequeñas. Las cotidianas. Una tarde agradable con las amigas. Una mojada de patas en el mar, vestida. Una copa de vino y buena música. Una charla. Unas risas. Ver el sol. Y el mar. Una hoja en blanco. Y todo eso me trae lo que quiero. Lo grande. Lo importante. Me hace irme a la cama sabiendo que voy bien. Que es el camino. Porque es el mío. El que quiero. Al que cada día le voy poniendo una nueva piedra para dar el siguiente paso.

¿Frotador, percutor o punteador?

Sabéis de eso que juntáis amigas del alma, hierbas, alcohol, música y demasiado tiempo sin verse? Yo sí. De estos últimos días. 


44 hierbas sobre la mesa. Una, en la cachimba. Las otras 43, en una botella. Una caja de nata. Vasos de chupito. Un cenicero lleno. La música sonando y nosotras, soñando

Arreglando el mundo. A los hombres. A las amigas. Vamos, pelando de toda la puta vida. Pero soñando queda más lindo… Queda menos de bruja con lunar con pelos. 

Pero en el fondo, todas somos brujas con lunar con pelos. Corta… Estábamos pelando. A todo y a todos. Sí a vosotros también. Y nos dolía la mandíbula y la guata de tanto reír. 

Pero no sólo pelamos. También compartimos experiencias y vivencias de esas que no te cuentas por internet… Que nunca se sabe quién puede estar leyendo. Y siempre, en algún lugar del mundo el horario infantil está en vigor. 

Así que te desquitas. Y claro, con pelos y señales. Más señales que pelos para ser exacta. Que eso de los pelos, como que no. Y se compara. Se comparte y se farda. Siempre se farda. 

Y de noches tan míticas como esta, salió una conclusión limbeña digna de enmarcar  

“Un ser humano enamorado
No es otra cosa 
Que un ser humano 
Bien follado”.

Ojo, que eso no quiere decir que quien esté bien follado, esté enamorado. Pero esta es una de esas conclusiones que sacan aplauso. El día que os deis cuenta de que tengo razón, quiero una estatua en Plaça Catalunya. Un busto al menos. A tamaño natural 😉 

Bueno la cosa es que no es esto lo que os quería contar. Sabíais que los músicos de cuerda se dividen en “Frotador, percutor o punteador“?

Si? Mentirosos. No lo sabíais. Y nosotras tampoco. Así que mientras digeríamos esta nueva información, nos meábamos de la risa. Porque claro, nuestros pensamientos iban a esa hora por otros derroteros… Otros muy lejanos y mucho más cálidos. Así que si pensáis que no se puede pervertir todo lo que oyes, lamento quitaros la razón. Se puede. Y mucho. 

Así que estuvimos largo rato debatiendo sobre las ventajas de frotadores, percutores o punteadores. Un largo análisis, con una lista de pros y contras. Añadiendo experiencias musicales personales. Claro, es que nuestra cultura musical no es amplia, pero sí reciente y claro, cuesta. 

Pero al final llegamos a la conclusión de que ni percutor, ni punteador ni frotador. Tiene que ser un virtuoso. Uno que toque las cuerdas de las tres maneras… Para asegurarte que tú también estarás contra las cuerdas. 

Vivir despidiéndose

Cuando decides irte a vivir lejos de los tuyos consideras muchas cosas. Pero hay otras que no se te ocurren. Pero que si se te ocurren, las escondes bien abajo para que no puedan mermar tus ganas de partir.

Una de ellas son las despedidas. Empiezas a vivir despidiéndote. A vivir con el “hasta la próxima” a flor de piel. Empiezas a vivir despidiéndote de los que más quieres. En aeropuertos, estaciones de tren o en el salón de El Limbo

Y te acuerdas de eso de que “a todo se acostumbra uno”. Una mierda. Hay dichos que se los deberían meter por donde la cerveza sin alcohol y el café sin cafeína. Acostumbrarse? A qué? A despedirte de los que quieres sin saber siquiera cuándo los volverás a ver? No creo que exista ser humano capaz de acostumbrarse a eso. Yo llevo 10 años haciéndolo y no puedo. No sé.

La racionalizas y piensas que va en el paquete de la vida que elegiste vivir. Pero eso no quiere decir ni de cerca que te acostumbres a ello. Supongo que el día que te acostumbras es que los que se van ya no importan tanto. Y si no te importan, mejor que no vengan. Porque no vale la pena perder tiempo con gente si no te importa despedirte de ella.

Y como no te acostumbras, llega el martes por la mañana, abrazas a tu Yegua, le dices cuánto la quieres, que se cuide, que te llame cuando llegue y te vas. En plan chica dura de revista. Y por dentro llevas un puto nudo en la garganta y peleas con las lágrimas para que no se escapen. Porque vas en un tren en el que a nadie le importa lo que vas sintiendo. Ni lo que vas pensando. Y toca, como siempre rearmarse y esperar que el cuerpo se haga a la despedida. A que la cabeza procese que cuando llegues esta noche cansada a casa sólo estarán los Bichos esperándote.

Y al final, haces el viaje a las 7 de la mañana con las gafas de sol puestas y la compañera de asiento mirándote de reojo. Mirándote de reojo porque sabe que llevas una pena tan grande, que ni la vergüenza de llorar en público la puede parar.

Pero tratas de no quejarte. Porque vivir despidiéndote iba en el pack cuando decidiste irte, aunque con 24 años no lo tuvieras tan claro.