Borradores de zorra mala

Tengo el teléfono lleno de borradores que escribo cuando voy en el tren. A 4 horas y media al día por 5 días, son más borradores que la cresta. Y lo más probable es que se queden ahí. O peor, que los borre.

Porque a pesar de que los escribo para compartirlos, hay cosas que no quiero compartir. O que no puedo. O que no debo. Ya sabéis. El maldito “qué dirán,” que no es que me importe mucho, la verdad. Pero a otras personas, sí. Y como esas personas sí me importan, pues están en borradores.

Es increíble como cada vez me la sople más lo que la gente piense o crea u opine de mí, de mi vida, de mi Limbo y de todo en general.

Llevo tantos años escuchando que  tengo cara de pesada, que ya lo asumí. Sí, tengo cara de pesá. Y cuando quiero, soy más pesá que la chucha. Pero yo tengo una ventaja. Soy así cuando quiero y con quien quiero… Otros son así siempre.

Pero… qué se hace con los borradores? Debería guardarlos para cuando a esa gente no le importe nada lo que piensen los demás. Que hay cosas que me encantaría gritar a los 4 vientos… Pero me callo. Son esas típicas cosas que no deberías hacer. Esas cosas que te deberían avergonzar, pero secretamente sacas pecho y sonríes. Con sonrisa de cabrona mala. Con cara de zorra mala que si fuera creyente debería estar en el confesionario, porque más de una, es pecado. De los gordos. Capitales de esos. 

Y lo que molan, qué. No me puedo creer, ni quiero creer, que a ninguno de ustedes le brillen los ojos y se le ponga esa cara cuando recuerda algo que hizo que no estaba bien. En realidad, que estuvo muy bien, pero que no debería haberlo estado. Es el lastre de la educación católica apostólica romana que nos ahoga, incluso ahora de viejos. Creo que el día que los que dejamos de creer seamos capaces de cortar el cordón umbilical con el legado católico, el mundo se llenará de confesiones de cabrones y cabronas que hemos “pecado” y disfrutado como enanos. Y que si pudiéramos elegir, repetiríamos esos pecados a diario. 

Matiné, vermú y noche. 7 días a la semana. 

Me orgasmo entera sólo de pensarlo… 

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Esas preguntas…

Hay ciertas preguntas que aburren hasta la saciedad. 

Cuando tienes novio serio y formal la pregunta es “cuándo se casan”. Cuando te casas la pregunta es “y los hijos, para cuándo”. Y cuando te divorcias y piensas que por fin se acabaron las preguntas… ¡ERROR!

Las preguntas siguen. Pero ahora con más insistencia. Y porque no, desatino. 
La pregunta que le gusta a la gente hacerle a un divorciado es “y pololo pa cuándo“. Y ahí, en ese justo momento es cuando se desata toda mi mala hostia. Que no es poca. Pero como soy una chica educada, de colegio cristiano y pagado, pues me la trago porque sé que la hacen porque se preocupan por mí. Lo que no entiendo, es por qué. De dónde viene esa imperiosa necesidad de emparejar a todo el mundo. El que quiera pareja que la busque, la tenga y la conserve. O no.

Pero es que existimos algunos que  hemos quedado más que escaldados y con la lección aprendida de 10. Y como es de 10, pues no cuesta más que se nos olvide. Que se nos olvidará. Seguro. Y volveremos a caer. Seguro. Pero tardáremos más. 

Y es que aunque no lo creáis existimos algunos seres, tan raros como el Unicornio Azul del gran Silvio, que no necesitamos a alguien al lado para ser feliz. Que nos apañamos perfectamente. Y que si no nos apañamos, buscamos a alguien que nos ayude a apañarnos. Y así, tienes un amigo que viene a casa y te cambia los enchufes o taladra lo que haga falta. Y eso es bueno… Si tuviera que usar yo un taladro o cambiar un enchufe, El Limbo habría salido en las noticias hace rato. Algunas somos torpes, pero sólo para algunas cosas, eh.

Porque en esta vida todo se puede apañar. TODO. Con mejores o peores resultados. Eso ya es otra cumbia, pero se apaña. Porque cuando estás solo aprendes a hacerlo. Y vas perfeccionado la técnica. Y cada día te apañas más y mejor. 

Y cuando se te olvide la lección que aprendiste a hostias, pues dejarás de apañarte para esperar a que alguien lo haga por ti. Pero lo más probable es que no lo haga igual de bien que tú… Porque no hay casi nadie que pueda hacerlo mejor que tú…