Whisky. Doble. Sin hielo

Whisky. Doble. Sin hielo

Barra de bar, oscuro y viejo. De esos en los que se puede fumar. Se abre la puerta y entra un hombre. Derrumbado. Derrotado. Cansado. Triste. Agobiado. Se sienta en la barra, apoya los codos en la barra y la cabeza en las manos. Y desde abajo, con todo el pesar que lo agobia le pide al camarero. 


Whisky. Doble. Sin hielo.

El camarero no dice nada. Saca la botella de debajo de la barra. Desenrosca la tapa y sirve. Le pone el vaso delante, bajo las manos que apoyan la cabeza. Y se retira. 

El hombre coge el vaso. Mira el líquido. Lo mueve un poco para escuchar sonar los hielos que no lleva. Y se lo traga. Todo. Se limpia la boca con el dorso de la mano. Mira al camarero y señala el vaso a un gesto de su cabeza. 

El camarero no dice nada. Saca la botella de debajo de la barra. Desenrosca la tapa y sirve. De nuevo. Le pone el vaso delante y se retira. Cuando un “deje la botella” lo detiene. Lo hace. No dice nada. Sabe que será una larga noche. De las de llamar a un taxi y mandarlo a casa. Cuántos así no ha visto. Cuántas veces no fue él el mismo hombre.

Derrumbado. Derrotado. Cansado. Triste. Agobiado. 

Mira al hombre de la barra y lo sabe. No le gusta el whisky. A él tampoco. Pero el whisky es lo que ahoga las penas. Los agobios. Los derrumbes del alma y los de las ganas. Las derrotas. 

No tengo bar. 
No tengo barra. 
No tengo camarero. 
Pero tengo un vaso y una botella de whisky. 
Y si no tengo vaso, sigo teniendo la botella… 


Whisky. Doble. Sin hielo.
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Rodalies línea 2 y sus múltiples "secuestros"

Andén de Castelldefels a las 
08:08 am de hoy (11/06).
Foto de @Mesalina3

Pago casi 150 euros al mes para usar los trenes de Rodalies de Renfe. No hay semana en que no haya una avería, retraso, parada injustificada o algo. A veces no son más que minutos, pero cuando como hoy, las 3 paradas “extra” suman
15 minutos, te jode. 


Son mis 15 putos minutos. Son los 15 minutos que hacen que pierda el segundo tren. Y es saberlo, para dormir menos, salir antes y solo llegar tarde al trabajo 2 minutos. ¿Por qué? Pues hoy porque les han robado los cables de cobre. Y la semana pasada, también. ¿Cómo cojones os pueden robar el cobre TODAS LAS SEMANAS entre las mismas estaciones? Es que si es verdad, sois imbéciles.

Deben ser esos cables que veo a diario, pasando por una canaleta de metal, abierta a vista y paciencia de todo el mundo, separados de la vía pública por una reja de mierda que podría saltar yo con mi rodilla en su peor momento. Deben ser esos cables que veo cada día, rodeados de la mierda que la gente tira y que vosotros no os preocupáis de recoger. SON VUESTRAS VÍAS. VUESTRO CABLE. VUESTRO SERVICIO. Y uno caro, por lo demás. 

Si fuera un buen servicio, me callaba la boca y paga feliz, pero no lo es. Es pésimo. Lento, descuidado, sin ningún tipo de preocupación por el usuario. NO SOMOS GANADO. La comunicación con el usuario es de pena. Y entre vosotros, también, como ya pudimos comprobar los que sufrimos el “incendio cercano a las vías”.

Tanto os cuesta contratar un segurata que cuide el cobre? Tanto os cuesta contratar personal de limpieza que limpie las vías? De verdad? Se me hace muy difícil no pensar mal cuando os roban el cobre cada semana entre las mismas estaciones. ¿Quién se está beneficiando de ese robo? ¿Quién está mirando a otro lado porque le importa un carajo que los que nos levantamos al alba perdamos minutos u horas de nuestra vida. 

A mí no me olvida que tardé 3 horas 20 minutos en hacer 50 kilómetros porque no tenéis un plan de emergencia. 

¿Qué cojones hacéis con los 150 euros que yo, y cientos o miles más, pagamos al mes? De verdad pensáis que usaría vuestro servicio si me pudiera permitir un coche? Así es como pretendéis fomentar el transporte público?

Estoy tan cansada y tan atada de manos. No hay nada que hacer. Porque ni siquiera tengo tiempo físico para ir a reclamar que me devolváis mi dinero. Y como yo, asumo que muchos. Por lo tanto para vosotros es un gana/gana, no?

Lo que nos pasa a los usuarios de Rodalies, línea 2, es de juzgado de guardia. Me encantaría saber qué opciones reales tenemos de que nos hagáis caso alguna vez y os preocupéis por LAS PERSONAS, pero claro…Eso es mucho pedir, no?

Encuentros ¿casuales?

Hoy he conocido a un tío guapísimo. Me saludó. Me dio dos besos. Y directamente me dijo “te voy a hacer sudar como nunca“. Y yo me reí. De qué va este flipao, pensé. Y él me taladraba con la mirada. Tan seguro y tan convencido de lo que decía que me lo empecé a creer.
Y luego añadió “me vas a rogar que pare. Vas a gritar“, pero no te voy a hacer caso, porque sé que te va a gustar. Tragué saliva. Había conseguido ponerme nerviosa. Muy nerviosa. Un tío bueno que no conocía de nada me iba a hacer gritar. Y sudar. Y rogar. Miedo.
Además, me lo decía con esa sonrisa de medio lado que ponen las personas cuando saben que tienen razón. Y cuando disfrutan cuando lo que hacen. Yo estaba acojoná… Y un poco curiosa. Las cosas como son. Se me estaban pasando mil cosas por la cabeza. Mil cosas que no os voy a contar. Os dejo la libertad de pensar lo que os salga del pie. Como casi siempre.
Bueno que me desvío.
El tío bueno se puso manos a la obra. Me hizo gritar, me hizo rogar y finalmente, me hizo sudar. Cumplió con todo. Sólo se le olvidó añadir que me iba a doler. Y que quedaría adolorida.
Pero cuando me dijo “nos vemos mañana“, no lo dude. Tenía una cita y no pensaba faltar. volvía a tener razón. Me había gustado. Además, a ver si el guaperas este se va a pensar que soy una cagada.
Así que toda chula miré a mi fisio a los ojos y le dije “aquí estaré“.
Y así acabo mi primera sesión de rehabilitación…
O qué pensabais 😉