Manual del Divorciado: la cama

Todos los divorciados lo saben.

Existe un manual. Un manual donde te explican cómo será tu vida a partir del momento en que obtienes tu sentencia de libertad. Pero no os creáis que es un libro como el Manual de Carreño. No. Claro que no. A ver si pensáis que hay algún divorciado con tanto tiempo. 

Pero lo hay. ¿Lo queréis? Pues divorciaros. 

La cosa es que el Manual del Divorciado dice que tienes que tener una cama grande. Y eso, es así. No se rebate. No se duda. Se hace. Vas, alquilas piso y metes una pedazo cama que flipas. Con dos cacho almohadas que pa qué. Lo que no te dice es que la compartirás tan poco que te apañarás perfectamente para ocuparla entera. 


Al principio, duermes exactamente en el mismo lado donde dormías antes de divorciarte. Tan exactamente el mismo lado que el otro, ni siquiera se deshace. Con el tiempo, empiezas a dormir más al centro, así como en la mitá. Y los extremos quedan casi sin deshacer. Cuando ya tienes más tiempo, duermes como te sale de los huevos. Y eso, es generalmente atravesada de punta a punta con una extremidad en cada esquina. Así. Abarcándola toda. Para poder amortizar la compra del lado del colchón que no usas. Porque no. No lo usas. Porque los únicos que podrían usar ese lado de la cama, son los Bichos, pero ellos sienten la imperiosa necesidad de dormir encima tuyo. Lo más encima que se pueda. 

Así que para que no se diga que gastas a lo tonto y que medio colchón, te sobra, pues te apañas perfectamente para ocupar el máximo posible. A pesar del metro y medio de estatura. Y créanme. Se consigue. Amortizas el colchón. No de la mejor manera, pero lo amortizas. Y eso, es lo importante… ¿O no?
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