No queda un puto tío bueno que valga el esfuerzo

A ver. Las cosas claras y el chocolate, espeso. NO QUEDA UN PUTO TÍO BUENO QUE VALGA EL ESFUERZO. Y el primer feo que diga que la belleza está en el interior, porque sí, esa frase, es de feos, se lleva una hostia. Con toa la mano abierta. Que sí, que hay cosas más importantes, pero esas siempre están ahí.

La guapura, no, por eso hay que aprovecharla ahora. Ahora que (casi) todos tenemos (casi) todo en su sitio. Ahora, que estamos en edad de hacer lo que nos salga de los ovarios, porque nos lo hemos ganado. Y sobre todo, porque algunas aún colamos por trastornadas por estrés post traumático por lo que no nos mirarán como si fuéramos el pico de una mesa convertido en persona.

¿Cuál es el problema? Pues sencillo. En alguna parte escuché que estar soltera a esta edad es como irse de rebajas el último día… Y seguro que ya hay algún iluminado pensando “yo podría decir lo mismo”. Podrías. Si no fuera por el hecho indiscutible de que las tías nos ponemos mucho más buenas con los años… Bueno, qué coño. No me voy a poner modesta ahora. Yo hablo por mí. Yo me pongo más buena con los años. Y tengo testigos 😉

Pero qué pasa? Que no hay tíos buenos que valgan el esfuerzo. Y no. No hablo de hombres buenos. No. Soy una superficial de mierda (me lo he ganado a pulso) y hablo de tíos buenorros. Ya sabéis, de esos que me gustan a mí. Chicos malos. De los de toma pan y moja. De los de ay omá qué rico. Como bien dijo mi amiga Inés “soltero y hetero es científicamente imposible ya”. Más razón que un santo. Si a esa ecuación le agregas buenorro… te da como resultado mi animal mitológico favorito.

Pasaron de ser una especie en peligro de extinción a un animal extinguido. Deberíamos guardar un minuto de silencio y pedir por el alma del último.

Pero ojo que lo dije al principio y quizás os estoy liando. El problema es que no hay tíos buenorros que valgan el esfuerzo. Repito…

Lo que pasa es que NO VALEN EL ESFUERZO. Ese es el punto. Todos tienen una tara. Y entiéndase por tara que: o son pelotudos profundos o unos Macabeos de cuidado o se lo tienen más creído que yo. Pero hay más taras eh. También están los que necesitan un mapa. Un puto mapa para pillar cosas más que evidentes. Venga coño, que yo ayer me tiré al monte y conseguí volver al coche sola. Es que hay que explicarlo todo??? Ya sabemos que no sabéis hacer dos cosas a la vez, pero hombre, bien que miráis dos tetas y seguís respirando (casi todos). Por lo tanto, ya no me vale como excusa y por eso mismo, me niego a hacer mapas para tarados buenorros que la única razón por la que todavía mean, es porque la tienen pegada a los huevos.

¿Más taras? Podría hacer una lista larga. Están los que tienen miedo de que lleves el vestido de novia en la cartera. Y los que tienen miedo de que no lo lleves. También están los que no saben lo que quieren de la vida. Los que se asustan cuando se dan cuenta de que una mujer puede ir buscando lo mismo que un tío. Hay unos pocos tíos buenos que no se han dado cuenta aún de lo buenos que están y por lo tanto se piensan que es coña. Y como se piensan que es coña, pues se quedan de brazos cruzados. Y también están los casados. Emparejados. Ennoviados.

Así que como podéis ver, no quedan tíos buenos que valgan el esfuerzo. Porque si a sus taras tengo que sumar las mías, tenemos un Houston de manual. Y los Houston de manual, señoras y señores, por donde la cerveza sin alcohol y el café sin cafeína.

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Ps. Por cierto… No vais a llamarme nada que ya no me hayan llamado 😉

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