No es obligación…

 

 

 

 

 

 

No es obligación estar feliz en Nochebuena.

No es obligación recordar a los que no están con una sonrisa y no con una lágrima.

No es obligación llenar la mesa de cosas que no te quieres comer.

No es obligación no desear estar en otra parte.

No es obligación obligar a más personas a aguantar el Grinch que este año vive en ti más fuerte que nunca.

No es obligación desear una Feliz Navidad porque sí.

No es obligación sonreír y abrazar cuando no quieres ni reír ni abrazar.

No es obligación pillarse un pedo de colores, pero a veces, es justo y necesario.

No es obligación devolver cada una de las cadenas que enviáis con deseos que no habéis escrito. Ni pensado. 

No es obligación que me llame o me escriba porque sea Nochebuena. Puede hacerlo el resto del año sin pudor alguno. 

No es obligación que mañana le coja el teléfono. Y no lo haré.  

No es obligación que me diga que el año que viene será mejor, porque éste, a pesar de todo, fue muy bueno.

No es obligación que me diga que es el precio que decidí pagar, porque eso, yo ya lo sé.

No es obligación que me diga que no le gusta verme así. A mí, tampoco.

Y lo que ciertamente no es obligación es que les dé las gracias. 

Pero GRACIAS. Por ser, por estar y por seguir. Por entender. Por comprender. Y por querer.

FELIZ NAVIDAD de corazón, porque no es obligación.
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No puedo evitarlo…

No puedo evitar sonreír con los ojos cuando la sonrisa es sincera. 
No puedo evitar cantar en voz alta, sin importar si estoy en la calle, en la playa o en el tren. A veces demasiado alta.
 
No puedo evitar volver de la playa con los bolsillos llenos de conchas y de piedras. 
No puedo evitar disfrutar con las pequeñas cosas. 
No puedo evitar querer a algunos, aunque no se lo merezcan. 
No puedo evitar descalzarme en la playa y meter las patas al agua. Aunque estemos a mediados de diciembre.

No puedo evitar dar segundas oportunidades. O terceras. Porque también las he tenido. 

No puedo evitar mandar a la mierda cuando es justo y necesario. 

No puedo evitar hacer balance del año que se va. 

No puedo evitar sonreír con los ojos al hacerlo.
No puedo evitarlo. Ni quiero.