11 años de AutoExilio… A mis Trocitos…

Hoy cumplo 11 años fuera de Chile. Tengo una carpeta en el ordenador con, ahora, 11 escritos que he ido haciendo cada 5 de febrero. Pero antes de escribir, siempre los releo. Todos. Sólo antes de escribir. Sólo una vez al año. Supongo que es mi manera de mirar atrás y ver el camino recorrido. Ver los cambios, las similitudes. 

Los que también disfrutan escribiendo entenderán que en cada uno de esos escritos, hay un trozo de mí. Pero también hay un Trocito de cada una de las personas que han estado a mi lado durante estos 11 años. Algunos de esos Trocitos sólo están ahí. Y en mi corazón. Algunos de esos Trocitos, se fueron en un viaje al que no todos podemos ir a la vez. Otros Trocitos, se quedaron en el camino, porque así lo quisieron. O porque así lo quise yo. Y otros Trocitos, siguen ahí. Cada día. Cada pena. Cada alegría. Cada fracaso. Cada logro. Arrimando el hombro. Abriendo los brazos. Ayudando a abrir los ojos. Son los Trocitos que hacen de mí la persona que soy. Mejor o peor, pero la que soy. 

Así que hoy, no voy a escribir de mí. Hoy quiero dar las gracias a todos esos Trocitos que me han dado la mano en este viaje que quise emprender con 24 años. Agradecer a mis Trocitos todo el apoyo que me han dado aunque mi felicidad, fuera su pena. Hoy quiero abrazar a mis Trocitos que aunque ya no están, viven en mi corazón. Hoy quiero despedir a los trocitos que yo dejé ir. La vida es larga y el mundo es un pañuelo, pero ya fueron. También le voy a dar las gracias a esos trocitos que se quisieron ir. Me hicieron un favor. Hoy quiero achuchar a los Trocitos que se han ido incrustando en mi vida, hasta parecer Trocitos de los de siempre

Sé que sin mis Trocitos, nada sería posible. Sin los Trocitos que apuntalan mi vida, habría tirado la toalla hace años. Porque sois Trocitos que me recordáis mis sueños. Sois Trocitos que apoyáis. Sois Trocitos que me queréis y a los que yo, adoro

Sé que no hace falta dar nombres. Yo sé quiénes son mis Trocitos y ellos, también. 

A mis Trocitos chilenos, que sepáis que no hay día que no os eche de menos a rabiar. Que no hay día que no me cuestione si hice bien cruzando el charco. Que me odio profundamente cada vez que falto. Cada cumpleaños. Cada matrimonio. Cada funeral. Cada fiesta. Cada pena. Cada alegría. Que sé que elegí el camino difícil, el del AutoExilio, pero también sé que sin ustedes, habría sido imposible. A pesar de la distancia, hemos sabido seguir siendo Trocitos. Y aunque parezca obvio, les puedo decir por experiencia, que no lo es. Trocitos chilenos, los necesito para seguir siendo yo. Seguir aquí, yo lo haré.

A mis Trocitos peninsulares. Qué os voy a decir. Estar tan lejos de casa es muy duro. Sobre todo porque cuando pasan los años, ya no sabes cuál es tu lugar en el mundo. Y tu hogar, terminas siendo tú misma. No puedo más que daros las gracias. Por ser mis Trocitos. Porque ya sois como familia. Porque sois los que me apañáis cuando la distancia impide que mi familia lo haga. Porque sois los que me soportáis día a día. Porque me hacéis sentir en casa. Porque me azotáis cuando hay que hacerlo. Y me abrazáis cuando lo necesito. Ya os conté alguna vez cómo era la familia del emigrante solitario. Y es que eso sois, Trocitos. Familia.

Y aunque ahora escribo llorando, porque quiero abrazar a mis Trocitos chilenos y a mis Trocitos que ya no están, quiero que sepáis que soy feliz. Quiero que sepáis que mientras seáis mis Trocitos, siempre voy a estar bien.
GRACIAS
Anuncios