Me aburrí: Tiro la toalla

Tiro la toalla – Vicios y pensamientos
Ya está. Tiro la toalla. Me cansé. Me cansé de intentar entender a la gente. Me cansé de entender por qué la gente deja de hacer cosas que le gustan, por miedo.
El miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario“.
Y tiene que ser imaginario, porque aún no conozco a nadie que adivine el futuro. Entonces me cuesta entender a la gente que se pone el parche antes de la herida. Y como me cuesta mucho, tiro la toalla. Lejos. Muy lejos. Me faltan energías para seguir intentando entender gente que no quiere que la entiendan. Gente que vive con miedo a vivir. Bastante tengo yo con intentar vivir mi vida alejando el miedo, porque es obvio que yo también tengo miedo. Todos lo tenemos. Obvio que el futuro provoca incertidumbre y la posibilidad de sufrir, más. Pero yo no pienso dejar que el miedo paralice mi vida. No quiero llegar a los 80, con reuma y artritis, para mirar atrás y darme cuenta de que ha sido el miedo quien ha vivido mi vida.
Pero no os equivoquéis. No tiro la toalla con vosotros. La tiro conmigo. Ya sabéis que siempre estaré para una cerveza, una conversación o arreglar el mundo. Pero por dios, por favor, no me pidáis que entienda que vivís con miedo. Porque no puedo. Me tengo por una mujer inteligente. Y con cosas como ésta, me creo que no lo soy. Pero no. No soy yo. Lo que pasa es que soy una kamikaze pelotuda que se lanza hacía adelante, pensando en que todos dan lo que reciben. Y no. Que todos viven intentado alejar el miedo. Y tampoco. Creo que la mezcla perfecta es tirar la toalla y sacar a la zorra mala que llevo dentro.
Porque igual soy yo. Igual lo normal es vivir con miedo y no lanzarse a la aventura. Pero yo ya viví con miedo. Viví meses con miedo a perderlo todo. Y lo perdí. Y casi me cuesta la salud. Así que me niego. Me niego a dejar que el miedo de nuevo viva por mí. No sé cuánto me queda, pero tengo muy claro que lo que queda, lo quiero vivir. Lo quiero disfrutar. Lo quiero pasar bien. Quiero elegir yo todo lo que pueda. Porque la vida ya es bastante mierda y puta para dejar de hacer lo que me gusta, por miedo.
Gente, el miedo, por donde la cerveza sin alcohol y el café sin cafeína.
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Quiero látex y látigo

Hay momentos en la vida en los que deseo sacar a la zorra mala que llevo dentro y dejarla vivir mi vida. Quiero que se enfunde en un traje de látex y coja el látigo. Siempre. Que se encargue ella. Que lidie ella con los hijos de puta que me voy encontrando por el camino. Con los cabrones. Con los que pasan de todo. Con los que se piensan que pueden disponer de mí cuando quieran. De los que se aprovechan de las situaciones. De los que están sólo cuando les sobran 5 minutos. De los que saben que por alguna razón u otra, me tienen comiendo de la palma de su mano.

A todos esos les gustaría mostrarles mi lado más oscuro. Y mandarlos a la mierda. Decirles 4 cosas bien dichas y no sentirme mal. Ni culpable. Ni preocuparme por si se ofenden. O por si les duele. 

Quiero que mi zorra mala le pare los pies a esas personas que están totalmente pendientes de lo que hago o dejo de hacer, para saltarme a la yugular cuando me caigo.

Quiero que mi zorra mala le explique a los que se alegran cuando pierdo la sonrisa, que solo la pierdo a ratos. Que mi sonrisa es siempre sincera porque sé que estoy haciéndolo bien. O mal. Pero lo estoy haciendo como quiero. Como puedo. 

Quiero que mi zorra mala deje llorando a los que no paran de decir que tengo un problema con la comida. No os equivoquéis. El problema, lo tenéis vosotros. Yo como lo que el cuerpo me pide. Lo que os jode, no es que coma poco. Lo que os jode es que yo como de todo y me calzo una 34 tan ricamente.

Quiero que la zorra mala que llevo dentro tome las riendas y se encargue de dar exactamente aquello que recibimos. Ni más, ni menos.

Quiero que la zorra mala que llevo dentro se enfunde en látex y se dedique a dar latigazos a esas personas que hacen porras con mi vida.

Quiero que la zorra mala, muy mala, que llevo dentro se coma a la buena persona que se apoderó de mi vida. Porque a las buenas personas, nos toman por taradas. De las buenas personas se aprovecha la gente. Porque pueden. Porque nos dejamos. Porque no queremos ver la maldad. Porque no creemos que la gente pueda disfrutar aprovechándose de los demás. Porque es algo que nosotros no hacemos. Porque vamos de buena fe. Porque somos tan infinitamente pelotudas que hacemos las cosas con el corazón. Todo. Y claro. Se ve que el corazón, en los tiempos que corren, por donde la cerveza sin alcohol y el café sin cafeína.