¡¡¡Es mi puta manada!!!

manadaLos que más me conocen (o más me leen) saben cuál es que mi talón de Aquiles: Mi manada. Mi manada es intocable. Mi manada es innombrable. Mi manada es mía. Punto. Soy yo la que se preocupa de que tengan un excelente pienso que comer. Aunque haya que recortar en otras cosas. Soy yo la que hace 60 kilómetros ida y vuelta cada vez que es necesario para llevarlos al veterinario. Porque quiero que tengan al mejor y Xavi, es el mejor. Y hemos tenido muchos veterinarios. Soy yo la que se lleva los arañazos cuando hay que darles medicación. Soy yo la que se levanta a darles de comer o beber. Soy yo la que cuando están malos duerme con un ojo abierto. Soy yo la que les limpia la arena dos veces al día. Porque es mi manada. Porque fueron ellos los que durante meses me dieron una razón para levantarme. Porque son ellos los que me miman. Porque son ellos los que me calientan la cama en invierno. Porque son ellos los que esperan en la puerta de casa cuando vuelvo del trabajo. De cualquiera de ellos. En cualquiera de mis locos horarios.  SIEMPRE. Ellos, no fallan. Jamás.

Porque es Argón el que me golpea la mano con la cabeza para que le haga mimos. Porque es Azrael el que me sigue hasta el baño para no dejarme jamás sola. Porque es Anya la que pierde el miedo por las noches y me exige regaloneos. Porque, en invierno, los 3 juntos son los que se encaraman al sofá para que entre todos nos hagamos entrar en calor.

Y cuando hablo de míos, lo hago con toda la propiedad. Son míos, aunque no los he comprado. Han llegado a mi vida, buscándolos entre tantos Bichos abandonados. O porque se me han aparecido enfermos y medio muertos en la calle de El Limbo. Por eso digo que son míos. Pero el punto es que yo, soy de ellos. Soy de ellos porque quiero. Soy de ellos porque ellos, son míos. Procuro ir con cuidado porque sé que mi manada, solo me tiene a mí. Nadie se hará cargo de ellos si a mí me pasa algo. Nadie se va a hacer cargo de una familia peluda numerosa. Y lo sé porque lo he vivido. Porque a mis Bichos ya los han abandonado más veces de las que ningún animal debería ser abandonado. Porque Anya se llevó toda la crueldad “humana” que ningún ser vivo merece. Y me cuido y los cuido y me cuidan. Somos manada. A todas. Para todas. Para siempre.

La semana pasada estuvimos a nada de perder a un miembro de la manada. Argón casi se me va. Y cuando digo casi, es casi. No es una exageración de aficionada a la literatura. No. Argón casi se muere. Y casi nos deja la mesa, coja. Creo que la más coja, habría sido yo. No estoy preparada para que ningún miembro de la manada emprenda viajes de ningún tipo. No tienen permiso. NI DE COÑA. Mi manada es de 4 y estamos trabajando todos a una para que sea así. Los 4. Porque  ahora que Argón está más pachucho, estamos todos a por él, dentro de nuestras posibilidades, claro está 😉

Entonces os voy a pedir que no me digáis jamás “es solo un gato“. Os voy a pedir que nunca me volváis a sugerir que los miembros de mi manada son reemplazables. Os voy a pedir que no insinueis que no debería haberme gastado tanto en veterinario. Y sobre todo, por encima de todo, os voy a pedir que os lavéis la puta boca con cianuro antes de hablar de mi manada. Mi manada y yo vivimos muy tranquilos y así queremos seguir.

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Cagaprisas al volante

Siempre os digo que no me gusta que se me peguen al culo en la carretera. Ni que me metan prisas. No por nada. Es peligroso. Para todos. No voy a ir más rápido porque tú no fuiste capaz de levantarte 10 minutos antes. Yo sí me levanto con tiempo para no tener que ir con el reloj en el culo. Tanto,  que me da tiempo a empezar a escribir esto en el parking del trabajo. Así que a las 5 de la mañana puedes ir a estresar a tu puta madre.

Por qué os cuento esto. Fácil. Esta mañana ¿madrugada? me tocó un cagaprisas de esos. En una zona de curvas y de noche. Oscuro. Pegado a mi culo e intentando adelantarme, pese a ir a la velocidad máxima permitida. Pese a que solo hay un carril en cada dirección. Pese a la línea continua y pese a que no se veía un pijo.  Pegado a mi culo. Literalmente. A veces creo que lo que buscan es que te hagas a un lado para poder pasar. O que aceleres. Pues no. Te jodes y te quedas ahí. Porque yo no corro por nada. Ni por nadie. Ya me he dado muchas hostias en coche.

Pues un par de kilómetros más adelante, casi me choca por detrás. Y no lo hizo porque a mí me dio tiempo a cambiarme de carril y frenar. No por nada. No por placer. Justo en una curva había un coche que acababa de chocar. Iba en dirección contraria, pero estaba en nuestro carril. Parado. Con las luces apagadas y sin las luces de emergencia encendidas. Casi me lo como. Y el de atrás, casi me come a mí.  Si hubiese podido adelantarme donde quería, se hubiese comido el coche. Y probablemente se habría llevado por delante al otro conductor, que se había bajado y no llevaba el chaleco reflectante.

Quiero pensar que el que había chocado estaba un poco tarado del golpe y por eso estaba a las 5 de la mañana a oscuras en mitad de la carretera con trozos de su coche en la mano. Me paré a su lado, bajé la ventanilla y le pregunté si estaba bien y si necesitaba algo. Dijo que sí. Y que no. Estaba un poco lelo. O pedo, no lo tengo claro. Antes de seguir, le pedí que encendiera las luces de emergencia. No sé si lo hizo, espero que nadie se lo llevara por delante. Creo que no, aunque no lo creáis he estado revisando internet para saber si hubo un accidente más gordo después de que yo pasara. Nada. Por suerte.

Al imbécil que llevaba atrás se le tienen que haber puesto de corbata. Siguió lo que quedaba de camino a una distancia prudente y se le acabaron las ganas de adelantar. Tengo claro que también se dio cuenta de que se la podía haber pegado. O que podría haber atropellado a otra persona. Y por qué. Por llegar al trabajo a la hora. O por llegar a casa 5 minutos antes. O por dormir 10 minutos más. No sé a vosotros, pero a mí, no me vale la pena. No se me va la vida por cinco minutos. Ni por 10.