13 años del Desembarco

Algunos ya sabéis que en esta época del año me gusta parar y echar la vista atrás. Sólo la vista. Me pongo una copa de vino, música y leo lo que cada año escribo en esta fecha y me enciendo un cigarro. Y así estoy un rato, recorriendo el camino que he escrito en estos 13 años para luego mirar adelante y volver a escribir un poquito. Es una de esas cosas que se hacen tradición. Todo ayuda, el sabor del vino, el ronroneo de la manada y el humo del cigarro haciendo nubes…  La fecha… La nostalgia de mis Trocitos chilenos y la sonrisa por mis Trocitos españoles.

Pero aquí estoy. Sin copa de vino, sin música y trabajando. Recordando que ayer mi familia me hizo soplar las velas. Sin el ronroneo de la manada. Sin cigarro.

Bueno… La verdad es que llevo 22 días sin fumar. Sí, sí, lo que lee. Llevo 22 días sin  fumar. Venga. Aplausos. Ovación. El público de pie. Sí. Quédese con la copla de que he dejado de fumar y no mire mucho cómo me dejó el ojo ayer el (puto) mosquito…

Y ya. Nada más. A ver si os pensabais que soy una máquina a la que cada 6 de febrero le apetece escribir 😜

Anuncios

Qué sabrán…

Empiezo a estar un poco hasta las narices de la gente que se sube a un pedestal para desde lo alto escupirte a la cara un “tú no sabes” o un “tú no lo entiendes”. Y se suben, porque les gusta creer que las cosas que les pasan a ellos los demás no las han vivido, no las han pasado, no las han sufrido o no las han disfrutado. Y si lo han hecho,  menos. Ha costado menos, ha dolido menos, se ha disfrutado menos. Porque los ombliguistas disfrutan siendo los que más. Los que más todo. Los que más sufren, los que peor lo pasan, los que más sienten y padecen. Los con peor suerte. Los con mejor suerte. Los lo que sea, pero los que más intensamente viven, disfrutan o sufren.

Qué sabrán de lo que los demás han vivido. Qué sabrán de porqué no se ha vivido alguna experiencia en concreto. Qué sabrán de qué cicatrices o heridas abren con sus “tú no sabes” o “tú no lo entiendes”. Qué sabrán de cuántos dedos meten en una herida. O de en cuántas heridas meten sus competitivos dedos.

Da la sensación de que empezó una carrera en la que no quiero participar. No quiero ser la que más ha sufrido, ni la que menos. No quiero ser la que más sabe, ni la que menos. No quiero competir por ser la más afortunada ni la más desgraciada.

Seguid compitiendo vosotros, yo me bajo aquí.